
Quería un intermedio entre un zapato y una zapatilla. Algo cómodo, bonito, que se pudiera usar en cualquier época del año y combinar con una infinidad de atuendos. Y fue entonces que, en medio de la pandemia, a Marcela Crestá se le ocurrió hacer algo por ella misma. Y nació Cresta, su propia marca de calzados. “Fue una búsqueda personal, de mirar, de mirarme y decidir qué quería hacer con mi vida”, relata. Estudió en Buenos Aires y dice, “le dí la vuelta de rosca al típico zapato”.







