En 2019, mientras en alguna que otra discoteca de Chile comenzaba a sonar ‘Lo Malo’ o ‘Teléfono’, nadie imaginaba hasta dónde llegaría aquella voz española que recién comenzaba a abrirse camino en la música. Hoy, aquella canción queda como un bonito recuerdo de los primeros pasos de Aitana, mientras su repertorio ha crecido hasta convertirse en una colección de temas que ya forman parte del imaginario de toda una generación y que, en un concierto como el de Madrid, miles de personas cantan de principio a fin.
¡Y Madrid tenía ganas de ella!
Este 11 de septiembre, la capital se vistió de azul para recibir a Aitana en el primero de sus cuatro conciertos en el Movistar Arena. Cuatro fechas agotadas que, por sí solas, hablan de la dimensión que ha alcanzado la artista y convierten su paso por Madrid en una de las grandes citas musicales de este septiembre.
Pero las cifras, por grandes que sean, no alcanzan a explicar lo que ocurre cuando Aitana aparece sobre un escenario. Hay conciertos a los que uno va simplemente a escuchar a un artista y hay otros en los que termina sintiéndose parte de algo mucho más grande. El de Aitana pertenece, sin duda, a la segunda categoría.
Mucho antes de que apareciera sobre el escenario, el recinto ya tenía su propio pulso. Camisetas azules, luces, carteles y una multitud que parecía saber exactamente cuándo cantar, cuándo gritar y cuándo esperar. La noche ya había comenzado antes de que Aitana siquiera saliera a escena.
La noche comenzó con Gale, compositora de algunas de las canciones que han acompañado la carrera de Aitana y una figura cercana dentro de su universo musical. Su presencia cobró todavía más sentido durante el concierto: en cada una de las pausas que hizo, Aitana se tomó un momento para agradecerle y reconocer su trabajo. El cariño entre ambas se hizo evidente.

Después, las luces bajaron y llegó ella. Cuarto Azul tomó el escenario, pero la noche no se quedó únicamente en su último disco. Aitana recorrió distintas etapas de su carrera y, con ellas, también la historia de un público que ha ido creciendo a su lado. Y Madrid cantó. No como quien acompaña a una artista, sino como quien conoce cada canción. Aitana apenas necesitaba empezar una frase para que las gradas continuaran por ella. En varios momentos, la voz del público se impuso sobre la música y bastaba mirar la expresión de la cantante para entender que estaba recibiendo de vuelta algo que no se puede medir en entradas vendidas. La respuesta fue inmediata y, por momentos, ensordecedora. La conexión entre Aitana y su público fue tan intensa que, por momentos, parecía que el recinto se venía abajo.

Y en una noche que muchos pensaban que sería sin invitados, Aitana volvió a sorprender. Jay Wheeler apareció sobre el escenario para acompañarla en Duele un montón despedirse de ti, la colaboración que ambos comparten en Cuarto Azul. Más que una aparición sorpresa, el encuentro fue también un pequeño anticipo de lo que viene: el universo de Aitana hace tiempo que dejó de tener una sola geografía. España es su punto de partida, pero Latinoamérica ocupa cada vez más espacio en su historia.
Y el guiño no podía llegar en mejor momento. Tras sus cuatro fechas en Madrid y los dos conciertos que aún tiene por delante en Bilbao, el próximo gran destino de Aitana está al otro lado del Atlántico.

¡Chile también la espera con ansias!
El 19 de octubre, Aitana llegará a Chile para presentarse en el Movistar Arena de Santiago. Un país que, de alguna manera, lleva años acompañando su evolución. Porque aquella voz que en 2019 comenzaba a colarse en las discotecas chilenas llegará ahora convertida en una artista internacional, frente a un público que ha tenido tiempo de verla crecer. Pero sus seguidores chilenos ya están pensando más allá de octubre.
En redes sociales, los fans han comenzado a impulsar una campaña para llevar a Aitana al Festival de Viña del Mar. El objetivo es conseguir que su nombre llegue a uno de los escenarios más emblemáticos de Latinoamérica y que la Quinta Vergara pueda convertirse, algún día, en el próximo gran capítulo de esta historia.
Por ahora, el sueño sigue siendo eso: un sueño impulsado por sus seguidores. Pero después de ver lo ocurrido en Madrid, la idea ya no parece tan lejana. Porque si algo dejó claro esta primera noche madrileña es que Aitana ya no es aquella artista que comenzaba a sonar tímidamente en una discoteca. Tampoco es únicamente la cantante que salió de Operación Triunfo. Es una artista capaz de llenar estadios, de convertir un recinto entero en un coro y de construir canciones que, con apenas unos acordes, miles de personas sienten como propias.
Chile tendrá que esperar hasta octubre (aún hay entradas acá) Madrid, en cambio, ya tuvo su noche. Una noche en la que la capital se vistió de azul, Aitana miró hacia las gradas y miles de personas le devolvieron, cantando, todo lo que ella les ha dado durante estos años.
Y quizás ahí esté la verdadera medida de su crecimiento: no en las cifras ni en las entradas agotadas, sino en comprobar que aquellas canciones que alguna vez fueron nuevas hoy ya forman parte del imaginario colectivo de una generación. Madrid cantó. Aitana escuchó. Y durante unas horas, todo fue azul.

Fotos x @PABLOALZAGA
Agradecimientos x @gtstalentspain


















