Entrevista a Susana Saulquin: “Soy crítica de las tendencias”

Entrevista a Susana Saulquin: “Soy crítica de las tendencias”

La socióloga y escritora argentina Susana Saulquin conversó en el Colombia Moda 2011, realizado en Medellín, en exclusiva con RevisteLaCalle. Ahí, recordó la historia de la enseñanza del diseño de vestuario en Argentina, y contó su visión sobre el desarrollo de esta disciplina. 

Autora de los libros Historia de la moda argentina, La muerte de la moda, el día después y creadora de la carrera de Diseño de Indumentaria y Textiles de la Universidad de Buenos Aires, Susana Saulquin desde pequeña tuvo un profundo interés por la moda. Sin embargo, cuando tuvo que elegir una profesión que estudiar –por los años 60- no había muchas opciones y, como no existía Diseño de manera profesional, optó por Sociología. “Me interesaba la teoría de los grupos… no lo ideológico en cuanto a la política, sino el conocimiento de lo que acontecía en la mente de las personas cuando formaban colectivos”, dice.

Y estando en ese ambiente intelectual, una anécdota la hizo descubrir la dirección que le daría a su labor: “Cuando empecé a cursar las materias, un compañero mío se dio vuelta y me dijo: no puedes opinar de política porque estás muy bien vestida”, recuerda. Y claro, mientras todas sus compañeras, llevadas por el existencialismo, preferían el negro en sus ropas y cabellos, ella era una rubia que vestía de hilo celeste. Entendió la importancia del vestir y decidió dedicar su vida a pensar y teorizar los conceptos de la moda, a través de la sociología.

-¿Cómo se comenzó a gestar el área académica en relación a la moda en Argentina?

-La primera iniciativa la tuvo en 1986 un modelo de pasarela que se llamaba Alberto Vidal. No era a nivel universitario, sino que un curso donde convocó a distintos personajes de la moda, entre los cuales estaba yo. Yo daba Sociología, otro que era vendedor daba Marketing. Ese mismo año, una compañera mía de Sociología tenía una cátedra de Diseño Gráfico en la facultad y me invitó. Y yo empecé a hablar de todo este fenómeno. Inmediatamente, la Universidad de Buenos Aires planteó la posibilidad de hacer una carrera a nivel universitario que fuera única a nivel mundial. A tal punto, que cuando nos juntamos en 1988 a generar la carrera tuvimos que buscar como única referencia a la Academia Domus de Milán que tenía unos cursitos de posgrado.

-O sea que ustedes arrancaron con la carrera…

-Nosotros generamos la primera carrera de Diseño de Indumentaria, hicimos punta en eso. La carrera empezó en abril de 1989 y arrancó muy bien, pero luego vino toda la época del neoliberalismo. El gobierno de Menem abrió las puertas hacia la importación, entonces toda la gran masa de alumnos que se había adiestrado hacia el diseño no tenía oportunidad de trabajar en sus experticias. Y lo que hicieron fue empezar a presentarse en los concursos. Había uno de Alpargatas Denim (Tela y Talento) y fíjate que ahora en la mayoría de los currículos de los grandes diseñadores nuestros, todos hablan de haber ganado o participado. En el 2001 llegó un grupo que se llamaba Pampa, que organizó el primer Buenos Aires Fashion Week. Se lanzó la primera convocatoria, muy chiquita, y empezaron a unirse los diseñadores y tomaron una vieja galería que se llamaba “La Reta” que estaba en la calle Florida. Y ahí empezaron a poner sus negocios: eran 20 ó 21 diseñadores.

-¿Y cómo se empezaron a sumar otras escuelas de Diseño?

-Bueno, inmediatamente aparecieron las universidades. La de Morón, la de Palermo que tomó como profesores a nuestros profesores, la de Belgrano y más tarde empiezan distintas universidades, ya en el interior del país. También escuelas pequeñas individuales, que no eran universitarias, pero que fueron interesantes. Apareció un lugar que se llamaba Espacio de Moda sobre la calle Florida. No eran cursos largos, pero eran muy interesantes y serios. Cursos de diseño, de fotografía, de producción de moda, con lo cual fue formando expertos en áreas. Espacio Buenos Aires cumplió un rol importante en esta consolidación de las escuelas de Diseño.

-¿Cuáles son las materias que han generado la identidad de las escuelas de Diseño en Argentina?

-El diseño en Argentina le da mucha importancia a lo morfológico, la textura, debido a que hay pocos recursos económicos y no hay tan buenas telas, como puede tener Brasil, por ejemplo. Eso y el diseño independiente son nuestra ventaja comparativa respecto de América Latina.

-¿Y tú integrarías lo conceptual? Uno de los elementos más importantes en relación a otras escuelas de Sudamérica es cómo ellos elaboran sus conceptos en una colección. Y cuando se lo preguntamos ellos aluden a que la escuela los hace ser unos pensadores muy potentes…

-Exacto. Eso ha sido una evolución de los últimos 12 años que yo estoy viendo en toda América Latina. Antes había un enfoque muy importante a la ornamentación. Luego, hubo una evolución, se les entrenó a los alumnos a partir de un concepto y a visualizarlo posteriormente en el producto. América Latina estaba más enfocada a la artesanía y la gran diferencia es que la artesanía parte de la materia y genera una prenda, mientras que el diseño parte de un concepto. Ambos se pueden unir y es riquísimo cuando un diseñador que ha generado un concepto, utiliza la artesanía. Este es un entrenamiento: Colombia no tenía este desarrollo de diseño y ahora estoy viendo las últimas colecciones donde claramente se da lo conceptual. Esto es muy potente y yo creo que América Latina va a dar un paso adelante porque además tiene una paleta de colores increíble.

-¿Y cómo proyectas, según lo que ves en este minuto, la educación del diseño en Argentina?

-Hay una evolución fuerte hacia el diseño independiente. Cada vez se habla menos de moda y más de diseño. Y eso es una característica argentina: el diseño de autor. Lo otro más importante es la diversidad. Formas diversas, que es una de las características de nuestra identidad. Y eso también se ve en los caminos del diseño para conseguir las prendas. En la Universidad de Buenos Aires hay seis cátedras, cada una de ellas tiene una impronta diferente: hay una más escenográfica, otra más alta costura, otra que no parte del concepto sino del cuerpo como soporte del diseño y luego otra bajada al producto directamente donde no va el diseño de autor. El diseño argentino está permitiendo la diversidad y hay distintos caminos para expresar lo que quieres decir.

-¿Y cómo definirías al sujeto argentino?

-Un individuo que está reaprendiendo a no ser soberbio. Le cuesta mucho porque es un sujeto que viene de la época de la inmigración con una fuerte necesidad de exitismo porque sus ancestros eran campesinos. Sin embargo, creo que hay un antes y un después de la crisis del 2001. Han ido apareciendo rasgos muy interesantes, en principio el ser solidarios. La Argentina se está dando cuenta de las carencias del otro y está empezando a respetar, pero es un camino largo. También, el argentino en esta impronta de ser exitista y de soberbia, necesita mostrar una imagen de perfección. La mujer tiene una desesperación por la perfección que la lleva a tener cirugías estéticas, a dejar la calidad de vida por gimnasia. Los hombres también, muy cuidados, muy preocupados por su imagen. Y eso creo tiene que ir cambiando, urgentemente. Es decir que vayan bajando los componentes estéticos y que suban los éticos. Eso es una materia que tenemos todavía pendiente: la ética y el respeto por el otro.

-Y como sociedad ¿tú notas cambios en torno a la moda?

-No le está dando la argentina y el argentino tanto interés a la moda como sí a su cuerpo y a su cara, últimamente. Eso hay que ir monitoreándolo porque antes la argentina le daba una importancia enorme al vestido y ahora prefieren tener un cuerpo impecable y una prenda que las ajuste donde puedan mostrar. Si es posible, poca prenda y mucho cuerpo y cara perfecta. Es, en el fondo, mucha inseguridad.

-Tú que viste el desarrollo desde los años ochenta en adelante ¿Nos puedes hacer un recorrido por los hitos más importantes del diseño argentino?

-Bueno, primero ha sido individual, a través de concursos han tratado los diseñadores de generar sus propias propuestas y a partir del 2001 mostrarlas en el Buenos Aires Fashion Week. Y, sobre todo, han tratado de hacer sus negocios. Ya cuando empieza a despegar la Argentina, del 2003 al 2007 cuando tiene una fuerte recuperación económica, comienza la salida al exterior de los diseñadores. Empiezan todos a vender, no grandes cantidades porque es diseño de autor, y comienzan a estar en Harrods, en el New York Fashion Week, en el London Fashion Week. O sea, que empiezan a tener presencia en los fashion week y también en la comercialización en pequeñas cantidades. Yo he visto, por ejemplo, percheros argentinos en Lafayette. Tampoco vamos a decir: “estábamos exportando”, pero eso alimentó a los diseñadores y se pusieron felices.

-¿Y cuál es el rol que el diseño independiente tiene en Argentina en este momento?

-Increíblemente, hay más presencia en las provincias que en la misma Buenos Aires, que ya hace años que está con esto. En las provincias es una situación apasionada y nueva de descubrimiento. Por ejemplo, me acaban de llamar para generar en la Universidad de Tucumán una carrera de Diseño. ¿Por qué? Porque tienen enorme cantidad de artesanos y de alumnos que quieren incorporar eso en lo académico. El diseño de autor está siendo más inclusivo.

-¿Qué es lo que debe considerar un diseñador para proyectar su carrera de una manera próspera?

-En primer lugar, tener algo que comunicar, un estilo, una idea del mundo. En segundo lugar, cómo va a comunicar lo que él dice hacia afuera. En tercer lugar, sobre qué va a basar su diseño, sobre qué tipo de materiales, si van a ser reciclados, si van a ser nuevos. El comunicar un estilo es muy fuerte. Y luego, si pudiera agregar la sustentabilidad, ver cuál va a ser el destino de eso que él va a hacer y acompañar el diseño en todo su ciclo de vida, ya sería maravilloso.

-¿Cuáles son las tendencias de aquí a cinco años en el mundo?

-Yo creo que la condición de la mujer está muy buena y eso es un principio sociológico: cuando la condición social de la mujer es muy buena las estéticas masculinas y femeninas se aproximan mucho. Estoy hablando de una manera donde las categorías sexuales no tienen tanta importancia, pero sí la libertad. Si un día una mujer quiere ponerse hiperfemenina va a haber libertad de acción en cuanto a la forma. Respecto del vestido, la igualdad en las formas de vestir masculinas y femeninas y una simplificación de las formas que va pareja a la de los productos. Puro concepto, pocas líneas que lo expresen.

-¿Cómo piensas que va a reaccionar el empresario frente a esto? Porque si todo se disuelve ellos pierden poder…

-Hay una resignificación del empresario y de las personas. Va a haber diversidad. Habrá gente que siga a las marcas, al empresario y otros que empiecen a pautear un mundo nuevo. La idea es la personalización, el poder de los individuales. Si la mujer quiere ponerse un día unos tacos enormes y un peinado tipo Barbie, lo hará. Está la libertad de hacerlo, pero la tendencia real va a ser a la simplificación y a la expresión de los conceptos. Yo creo que viene una época fuertemente conceptual.

-Finalmente, ¿qué piensas de tener una proyección para todo y de manejar esa proyección? Por ejemplo, el retail que prepara sus campañas un año y medio antes sabiendo todo lo que van a presentar y todo lo que van a vender…

-No hago más tendencias de prendas, renuncié. Renuncié porque no era ético para mí hacer consultorías de tendencias cuando yo trabajaba en la facultad generando diseño de autor, que es lo que quiero. No hago tendencias y soy crítica de las tendencias.

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