Reality Princesitas: Las niñas también tienen que ver estrellas para ser bellas

Reality Princesitas: Las niñas también tienen que ver estrellas para ser bellas

Haciendo zapping por la televisión, más de una vez me topé con comerciales sobre este reality (Princesitas o Toddlers & Tiaras) de pequeñas concursantes de belleza. Cada vez que los veía sentía gran curiosidad por saber que tan bizarro podría llegar a ser este nuevo show de niñitas cubiertas de autobronceante y maquillaje. Así que hoy lo sintonicé por internet y no quieren saber lo que encontré.

Primera sorpresa: el reality no es nuevo, de hecho lleva 5 temporadas al aire. Yo que pensaba que estos programas tan polémicos estaban destinados a fracasar. Además, créanlo o no, el show de vida real pertenece al canal de cable Home and Health, aquella extensión de Discovery Channel que promueve la vida sana.

¿Del programa? Solo les diré que a la mitad del 1º capítulo, las siguientes sorpresas no fueron tan banales. A continuación me voy a referir a mi impresión y lo que investigué desde la mirada de la psicología infantil.

Les contaré que las pequeñas concursantes compiten en categorías que van desde los 1 hasta los 10 años. Ya a estas prematuras edades se encontrarán expuestas al dolor físico y psicológico que supone el participar en competencias de belleza. Con esto me refiero a soportar tortuosas sesiones de peinados, depilación, bronceado y ¡hasta ejercicio y dietas! Sin contar la presión por ganar.

Además, el programa da énfasis en los padres, quienes aparecen hablando sobre los que sus hijas piensan, hacen y sienten. Curiosamente algunas todavía no aprenden ni a hablar, lo que me hace pensar seriamente que estos adultos ponen todo este esfuerzo en trasladar sus propias inseguridades y deseos en sus pequeñas hijas.

En una conversación que sostuve con la Psiquiatra infantil Susana Menéndez me enteré que la inclusión de niños en estos programas puede ser más peligroso de lo que parece.

Ella dice que en primer lugar el autoestima de estos menores se puede ver tremendamente dañado debido a la cosificación que reciben. Esto quiere decir que los niños, al ser tratados como objetos, se sienten valorados sólo en la medida que son un medio decorativo y manipulable. Esta visión de “virtud” superficial y ególatra puede llegar a convertir a estos pequeños en adultos narcisos, solitarios y competitivos.

Otro punto importante es el hecho de que estar insertos en este mundo a tan tempranas edades inhibe la exploración en otras áreas. En la infancia es de vital importancia que el niño juegue, se equivoque y experimente. Todas estas cosas están vetadas al momento que el niño recibe la intromisión de adultos en donde ellos constantemente no pueden escoger. Esta influencia de los padres además puede acarrear problemas del desarrollo de la identidad, ya que sus hijos difícilmente podrán reconocer cuales son sus verdaderas preferencias y gustos.

Por último y no menos relevante está la existencia de erotización a esos años. Este prototipo de imagen además de ser errado, podría terminar en trastornos de la conducta alimentaria que a tempranas edades tiene un pronóstico mortal enorme.

La verdad, es que por donde se le mire está mal. Da para cuestionarse sobre cuál es el límite de lo que se puede mostrar en los medios y del rol de la sociedad en este ámbito. Para nosotros, solo nos queda tomar una mirada crítica sobre el asunto y estar conscientes de qué es lo que promovemos consumiendo ciertos tipos de información.

Tengo una pregunta para ustedes: ¿Queremos darle este modelo a nuestras próximas generaciones?

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