El desfile como fiesta social

El desfile como fiesta social

Han habido hartos desfiles últimamente y la cobertura en los medios ha sido la de siempre: vida social. Una o dos fotos de pasarela como marco, y cien fotos de los asistentes mejor vestidos. He escuchado mucho esa queja entre los diseñadores. Según su punto de vista, el esfuerzo económico y energético de mostrar una colección se pierde, porque al final lo que el resto del mundo sabe de estos eventos es que fue la actriz de moda. Hace poco le escuché a la editora de Vogue para Latinoamérica comentar esto mismo en una conferencia. El desfile como fiesta social no le sirve a la industria, dijo. Es que los famosillos en la alfombra roja –a menos que lleven ropa de los diseñadores a cargo de cada pasarela– no apoyan el negocio, se apoyan a sí mismos.

A mi modo de ver, que salgan todas las IT girls locales es natural y le hace bien a las marcas o los diseñadores que mostraron sus propuestas en la pasarela. A la gente le mata verlas y a través de ellas se puede saber que tal marca o diseñador hizo un desfile y que fue apoyado por celebridades que son –o debieran ser– líderes de opinión en cuanto a estilo. El problema está en que esa no puede ser la única manera en que se comunique el desfile, porque poco o nada queda de lo quiso decir la marca o el creador de moda. Debe haber otras instancias. Y, entonces, debemos hacernos la pregunta: ¿por qué no hay más espacios? ¿Por qué los medios masivos se interesan tan poco por lo que pasa sobre la pasarela, y tanto más por lo que ocurre a su alrededor?

No tengo una respuesta definitiva, pero al menos tengo una hipótesis. Al final, los medios de comunicación masivos no hacen más que recoger el interés de sus audiencias, y muchas de ellas no tienen motivación en lo que puedan ofrecer puestas en escena mediocres o diseñadores sin propuestas de buen nivel. Para ver moda, prefieren mil veces el catálogo de la multitienda. Con suerte, las producciones de las revistas. Por eso, la pasarela debe ser muy potente si quiere ser más importante para los medios que el look de los asistentes. Y por ahí el escenario local es bastante pobre.

De a poco, esto va a ir mejorando, acorde con el desarrollo de la moda local. Pero para eso el mercado chilensis del desfile tiene que subir de pelo. Está bien encaminado, claro, y estamos mejor que 5 años atrás (gracias Laura por Raíz Diseño; gracias Magda Jiménez por Vanguardia Made in Chile; gracias Vistelacalle por tu aporte en desfiles que sin tu presencia serían ultra predecibles). Pero todavía nos falta. Nos falta que la propuesta de un diseñador local genere interés masivo. Los más viejos ya son predecibles y los más jóvenes aún no llegan.

Para ilustrar esta nota, copio algunas fotos del evento Viste Bs.As, pasarela montada en los jardines de la Embajada de Argentina, con las marcas Prüne, Paula Cahen D’Anvers, Vitamina, Rapsodia. Un evento que pese a algunos problemas tuvo saldo positivo, en gran parte gracias a que desde el comienzo se planteó honestamente como una cuestión comercial. Me parece súper interesante el nicho que ocupan estas marcas y que en el diseño chileno aún no existe. Pero eso da como para otra columna…

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