La ruta del vestir masculino (la pedregosa ruta)

La ruta del vestir masculino (la pedregosa ruta)

Ya se acerca el día del padre y las opciones que se me vienen a la cabeza son, en verdad, muy limitadas. Dentro de la lista de posibles regalos aparecen las típicas corbatas, el cinturón que nunca falla, un buen sweater y sería. Es lo que se llama irse a la segura. Pero no todo es culpa de mi imaginación limitada, hay cierto grado de responsabilidad de un mercado también limitado.

Cuando pienso en las muchas opciones que tiene una mujer que quiere vestirse bien, me da hasta un poco de rabia ver a mujeres, de cualquier edad, que no se preocupan de lo que llevan puesto. Cuando pienso en las limitadísimas opciones que tenemos los hombres que queremos vestirnos bien, hasta me compadezco de algunos mamarrachos que deambulan por las calles. Insisto, no es completamente culpa de ellos.

La mujer que quiere un look acorde a las tendencias, una pinta matadora, en definitiva algo que la haga verse linda, tiene dos opciones: o se va de compras a un mall en donde se encontrará con un rango muy amplio de lugares donde comprar, desde tiendas exclusivas, pasando por boutiques hasta llegar a las multitiendas, o se va de compras a las típicas picadas tipo Patronato. El hombre que quiere hacer lo propio tiene las mismas posibilidades, pero con resultados muy disímiles en uno y otro caso. Mientras la mujer con un mínimo de bueno gusto y algo de imaginación, va a salir airosa de cualquiera de las dos opciones que elija. El hombre, en cambio, necesita harto más que un mínimo de buen gusto e imaginación, debe también encomendarse a los santos, rezar el rosario completo por lo menos tres veces y dejar los pies en la calle. El que decida ir al mall, se encontrará con que tan sólo un octavo de las tiendas son de ropa masculina y de ellas más de la mitad ofrece productos muy similares; el que decida irse a la picada tipo Patronato, en tanto, se topará -en un lugar también invadido de percheros femeninos- con ropa de menor precio, pero que probablemente, muy probablemente su menor precio sea directamente proporcional a su calidad.

Si bien es cierto que la oferta en este último tiempo ha crecido y ya no es necesario recorrer dos días seguidos la ciudad entera en busca de alguna prenda, sino sólo uno y si tenemos suerte tan sólo la tarde entera, no lo ha hecho de acuerdo a las necesidades e inquietudes de quienes demandan ropa masculina. Prueba de ello es que quienes se preocupan de su facha y están permanentemente tratando de crear un look propio, terminan siendo hipster uniformados, todos muy onderos, pero todos muy iguales.

Así que si mi papá se topa con un cinturón, al igual que hace un par de años atrás, no es culpa mía, es culpa del mercado.

Invitamos a quienes conozcan propuestas interesantes a que nos dejen en la sección de comentarios y muy pronto se encontrarán con algunas novedades.

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