Vestirse Sexy

Vestirse Sexy

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El otro día me tocó comentar con un grupo de hombres la tenida algo escandalosa de una mujer que se paseaba muy despechugada y de mini por un evento más bien elegante, tradicional, de esos relacionados con el mundo del vino. Entre el público ABC1 y bastante adulto que poblaba el lugar, la pobre se veía completamente desubicada. Pero lo que más me sorprendió fue el comentario de mis amigos hombres, que decían: esta mujer está lista. Cocinada. Llegar y llevar. Este huevito quiere sal.

Sus palabras me sorprendieron porque yo nunca he entendido a la ropa sexy de esa manera. Tal vez ella sí estaba lista para la batalla, vaya uno a saber y es cosa de esa mujer. Pero yo al menos, cuando me visto un poco más sexy de lo usual no es porque quiera tener sexo con el primero que se me cruce, sino porque quiero que los hombres tengan ganas de tenerlo conmigo, cosa muy diferente. No es lo mismo querer ser un objeto de deseo y saborear secretamente ese poder, que andar evidenciando deseo por los otros, disponible como un trapero. Me quedé pensando: ¿cómo vestirse para que los hombres no se confundan? La diferencia es sutil y se requiere algo de elegancia innata para saber llevarla, supongo. La misma elegancia que, una vez en la cama, diferencia un encuentro pasajero de uno trascendente.

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