Historia del vestuario: Inaugurar

Historia del vestuario: Inaugurar

Egipto a Roma

Nada más bello que el vestuario de las películas del canal TCM, donde aparece una joven Sophia Loren en el antiguo Egipto o una perfecta Tippi Hedren dirigida por Hitchcock. Vestuario complejo, lleno de detalles, que nos deja imaginando la realidad del revestimiento de otras épocas: ¿Qué contextos habrán generado que sean esas las formas y no otras?. Con esta interrogante decidimos inaugurar este recorrido – “viaje” basado en una observación retrospectiva a través de la Historia del Vestuario, para identificar así el origen y la data de muchos de los estilos – aspectos que hoy nos revisten, revisando nombres, materiales, cortes, tallas y texturas.

Comencemos el trayecto:

Hay tres fundamentos generales, que “hacen ser” al revestimiento humano. Estos son observados en orden cronológico:

a. La Necesidad: El clima condicionó a las primeras civilizaciones a buscar formas y materiales en su vestuario, de acuerdo a los requerimientos prácticos para poder sobrevivir.

b. El Símbolo de status: Motivado por la ostentación de riqueza, el gusto por el lujo y la distinción social expresada con el vestido.

c. La Moda: En el último período, que se prolonga hasta nuestros días, lo que nace es concretamente un producto industrial y de consumo llamado “moda”, que se refiere a aquellas prendas que están vigentes y se utilizan (“siguen”) de manera pasajera.

La necesidad como origen del primer vestario:

Hace unos 17.000 años, el hombre tuvo que refugiarse en cavernas naturales para poder soportar los fuertes fríos, tanto en las praderas africanas como en los bosques del Asia oriental, en la tundra y bosque de Europa o en las valles americanos. Es aquí que con astillas pulidas de hueso, marfil y diente de animal, el hombre crea la aguja y confecciona sus primeras prendas.

En las zonas menos gélidas, el taparrabo fue el revestimiento común: los hombres la pasaban por entre sus piernas y la ataban a la cintura. Los extremos indistintamente, colgaban al frente o detrás. Dependía de la cultura y época, su tamaño y forma. En las regiones más frías, el hombre empezó a cubrirse con pieles lo cual generaba dos problemas: la piel del animal que le cubría los hombros le complicaba algunos movimientos y dejaba parte del cuerpo al descubierto. Por lo tanto, se hacia necesario darle una forma. El segundo problema radica en que las pieles de los animales, al secarse, se endurecen y resultan intratables e incómodas en su uso. Ante eso fue necesario encontrar algún método para hacerlas flexibles. El procedimiento consistió en humedecer la piel y golpearla reiteradamente. Sin embargo, no era suficientemente satisfactorio, ya que si las pieles se mojaban había que repetir todo el proceso. Ante esto, el gran avance con respecto a este período, consistió en el descubrimiento de frotar grasa de ballena o aceite en la piel: esta se mantenía flexible durante más tiempo, hasta que el aceite se secara.

El paso siguiente en la Historia del vestuario, fue el descubrimiento de las fibras vegetales y animales, a partir de lo cual nacen las primeras piezas de revestimiento humano tejidas. También se descubren las tinturas; cuyas técnicas básicas de procedimiento, tan rudimentarias desde sus orígenes, continúan utilizándose hasta hoy.

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El inicio del revestimiento humano como símbolo del status social:

En el antiguo Egipto, el taparrabo, fue el legado y herencia de las antiguas culturas orientales del Neolítico. Posteriormente este elemento mutó a una prenda larga denominada “kalasaris”, confeccionada con un tejido liso, que se ajustaba por medio de un cinturón. Los reyes utilizan un taparrabo bordado en oro y adornado con piedras preciosas, de esta manera se diferenciaban del ciudadano común. La indumentaria de las mujeres constaba de dos prendas: una especie de “kalasaris” sujeta al pecho con una tira o como traje largo a veces con mangas, o bien, una larga túnica sin mangas ceñida al cuerpo que llegaba hasta los talones.

Con el tiempo y para diferenciarse unos de otros, los colores y los adornos marcaron la diferencia entre las clases sociales. A estos detalles los egipcios sumaron el ir tapando cada vez más las partes descubiertas de su cuerpo. Aumentaron los adornos y accesorios como joyas, amuletos y pelucas. Los siervos y campesinos concebían el vestido sólo con la función de proteger el cuerpo. En términos generales los egipcios de ambos orígenes (campesinos y faraones), vestían además con un pañuelo que cubría la cabeza con pliegues y calzaban sandalias.

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El origen del vestido tradicional de griegos y romanos no es certero. Los primeros habitantes de la parte occidental de Asia Menor y de la península griega llevaban una especie de leggins o calzas y una túnica con mangas, llamada “quitón”. El proceso de transformación del vestido griego, a diferencia de los egipcios que de una vestimenta sencilla cambiaron a una mucho más sofisticada, pasó de los bordados en realce a una simple túnica ajustada a la cintura por un cinto, de modo que se formaran sutiles pliegues. Ésta iba sujeta a los hombros por una hebilla, utilizada también por los egipcios. Sobre el “quitón” iba la “clámide”, que era una capa corta doblada o sujeta en un hombro que a menudo era llevada, como prenda única, por los soldados; esta era sustituida en invierno por un manto más abrigado y largo.

La mujer vestía el “peplo”, la versión femenina de la “clámide”, que iba sujeto a la cintura y tapaba los tobillos. Con el paso de los años esta prenda se fue haciendo cada vez más suntuosa en cuanto a tejidos, colores y adornos. Las joyas y camafeos eran los accesorios de las mujeres. Tanto hombres como mujeres, calzaban sandalias sujetas al tobillo por cintas o tiras de cuero.

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El peinado en la antigua Grecia era muy importante, pues este era un “indicador” de la clase social y de la ciudad de origen, por ejemplo: en Atenas los niños usaban el pelo largo, los adultos lo llevaban corto y los esclavos lo usaban rapado. En Esparta, los niños llevaban el pelo muy corto y los adultos largo.

Las mujeres usaban el pelo largo, con peinados trenzados alrededor de la cabeza, muy elaborados y en algunos casos recogidos con cintas. Lo fundamental para los griegos era llevar el pelo rizado tanto los hombres como las mujeres: utilizaban aceites y pomadas para armar el peinado y lo sostenían con horquillas.

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