La moda en tiempos difíciles

La moda en tiempos difíciles

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Sin duda, son tiempos difíciles para todos nosotros. La sensación de bienestar, de éxito y de estar alejados de los problemas que nos caracterizaba como habitantes de un pais alejado, chico y empeñoso se vio trizada en un tiempo record. Este episodio-que, quiero aclarar, no viví personalmente en sentido físico, aunque si emocional- me hizo pensar en aquellos momentos en que la moda parece algo tan vacuo, tan superficial que ni siquiera vale la pena hablar de eso. Sin embargo, si investigamos brevemente en los momentos en que los pueblos pasan por momentos dificiles – económicos o emocionales- nos damos cuenta que tal como otras formas de arte que parecen superfluas, la moda se transforma en un lenguaje que acompaña a las personas durante todos los períodos, incluso en aquellos de escasez  o dolor.

Y es que tal como pasa en todos los aspectos de la vida, no sólo de las temporadas y del apetito comercial se alimenta la moda, también del ánimo general y del espíritu del tiempo en el cual vive. La primera de las características que suele definir a la moda en este tipo de periodos suele repetirse religiosamente en lugares y paises que se ven afectados por amenazas de cualquier tipo: La búsqueda de protección. Al hacerse más duro el mundo, más fuertes se vuelven los tejidos, más encapsulados los abrigos, y más armados los zapatos. Si hay una característica que se observaron durante tanto el siglo XX, en las revoluciones, los golpes de estado y en las dos guerras mundiales, como en principios del XXI con la caída de las Torres Gemelas, fue que inmediatamente los colores y los adornos femeninos, las hechuras delicadas y los adornos que no forman parte de las estructuras desaparecieron de las vitrinas, para dar paso a una mujer más fuerte y preparada ante los embates del mundo.

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Otra característica general que se observa a través de la historia en momentos complicados es la simplificación al extremo de los outfits y la adopción de un estilo más simple y práctico. Este tipo de simplificaciones se da por varios factores: Primero, por un tema de respeto. Aunque podamos pagar el más caro de los vestidos primorosos, es de sentido común – para no acentuar diferencias, y porque finalmente puede representar un peligro- no vestirse ostentosamente en periodos en que el general de la población se encuentra en problemas.

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Otro tema que condiciona los vestidos es la adopción de nuevas tareas por parte de personas que antes no las tenían. Es así como el vestuario de las mujeres en el periodo de la Segunda Guerra se hizo más simple y masculino y se popularizaron las prendas que permitían pasar de las nuevas exigencias  laborales al trabajo hogareño propio del género hasta ese minuto (que también quedaron en manos de mujeres). El aprovechamiento de las prendas se vuelve importante, y que una sóla prenda sirva “para todo” se vuelve fundamental. Durante la Unidad Popular en Chile, por ejemplo, la revista Paula (en una edición de meses antes del Golpe militar) recomendaba: “No bote nada, éste año se usa TODO”. Un ejemplo claro de como la moda se adecúa a la escasez. Simplemente, HABIA que usarlo todo.

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Todas éstas caracteristicas se repiten tanto en culturas distintas como en distintas geografías, pero, ¿Que nos pasará a nosotros? Habrá que esperar un tiempo para ver si los acontecimientos cambian o no la forma en que el pais se viste. Si somos optimistas, podríamos pensar que esta experiencia nos transformará en personas más concientes, más respetuosas y con un mayor sentido de lo transitorio de lo material, lo que puede sonar totalmente anti-fashion, sin embargo, yo creo que es lo más sano. Quizás, también , nos transformamos en mounstros consumistas y hedonistas que sólo piensan en vivir el momento. ¿Cual de éstas dos alternativas será? Habrá que ver.

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