Dos formas de entender la moda, dos lenguajes reconocibles y una colección que nace precisamente de ponerlos a conversar. En el marco de OMODA Madrid es Moda, Eduardo Navarrete y Daniel Chong presentaron su primera colaboración: una cápsula de accesorios que lleva el universo colorista de Navarrete a las siluetas características de Chong.
Hay colaboraciones que buscan sumar nombres y otras que realmente consiguen que dos universos se transformen al encontrarse. La de Eduardo Navarrete y Daniel Chong pertenece a esta segunda categoría. Presentada el pasado 8 de septiembre en la tienda de Daniel Chong, en la calle Desengaño de Madrid, la propuesta reúne por primera vez los códigos creativos de ambos diseñadores en una colección de 30 accesorios.
La colaboración forma parte de la programación de OMODA Madrid es Moda, una plataforma que durante esta edición volvió a poner en diálogo a distintos nombres de la moda de autor española a través de desfiles, presentaciones y encuentros por diferentes espacios de Madrid.

Dos universos, un mismo lenguaje
Por un lado está Eduardo Navarrete, reconocido por una propuesta donde el color, el humor, los estampados y una mirada irreverente sobre la moda son parte fundamental de su identidad. Por otro, Daniel Chong, cuya firma ha convertido mochilas y accesorios funcionales en piezas con una identidad gráfica propia.
El punto de encuentro aparece cuando algunos de los estampados más reconocibles de Navarrete aterrizan sobre las siluetas de Chong. Mochilas, bolsos, riñoneras, bandoleras y neceseres reinterpretan así los patrones característicos de la firma de accesorios, creando piezas donde es posible reconocer a ambos diseñadores sin que ninguno desaparezca en el proceso.
Uno de los protagonistas es “Demencia es nombre de mujer”, estampado que forma parte de los primeros pasos creativos de Navarrete y que ahora adquiere una nueva dimensión al trasladarse al universo de Daniel Chong.
El resultado es una colección marcada por el color y la personalidad, pero también por una idea que atraviesa toda la colaboración: la moda puede ser un espacio para compartir códigos en lugar de competir por ellos.


Diseñar sin competir
Más allá de los 30 accesorios, la colaboración tiene un mensaje que resulta especialmente interesante dentro de una industria acostumbrada a hablar de competencia, exclusividad y diferenciación: hacer moda también puede significar hacer comunidad.
Ambos diseñadores han reivindicado una manera de entender el sector basada en el compañerismo. De hecho, la colección ha sido presentada como una apuesta por una moda con “menos competitividad y más compañerismo”, una filosofía que también explica la naturalidad con la que sus dos universos terminan encontrándose.
La propuesta también pone en valor la producción local. Las piezas utilizan Tejiplast, material elaborado a partir de plástico recuperado que se transforma en hilo, junto con elementos de piel de curtición vegetal. Una combinación que suma funcionalidad, diseño y una mirada contemporánea a los materiales.
Cuando lo cotidiano se vuelve extraordinario
La colaboración entre Navarrete y Chong funciona porque ninguno intenta borrar al otro. Los estampados de uno se encuentran con las formas del otro y, en ese cruce, aparece algo nuevo.
Es también una extensión natural de las maneras de trabajar de ambos. Chong ha construido buena parte de su universo creativo observando lo cotidiano y transformándolo en diseño, mientras Navarrete ha hecho del color, el humor y la provocación algunos de sus códigos más reconocibles. Esa coincidencia explica que, pese a partir de lugares distintos, la colaboración tenga una identidad tan clara.
La presentación en Madrid siguió precisamente ese espíritu. Amigos, profesionales de la industria y rostros vinculados a la moda se reunieron para descubrir las piezas en un ambiente cercano y desenfadado, más próximo a una celebración entre creadores que a una presentación tradicional.
Porque quizás ahí está la verdadera gracia de esta colección: dos universos creativos no necesitan parecerse para funcionar juntos. A veces basta con encontrar el punto exacto donde sus diferencias empiezan a complementarse.
Y en el caso de Eduardo Navarrete y Daniel Chong, ese punto está lleno de color.

