
El prejuicio de llevar barba en una ciudad como Lima fue y sigue siendo fuerte. Sin
embargo, al conocer un club en el cual solo se admiten hombres barbudos me llevó a
la decisión de dejarme crecer el vello facial que tanto me ha gustado llevar y que no
podía tener debido a exigencias laborales. El Club nació bajo la premisa de juntar
hombres que tengan por requisito una barba poblada, buenas intenciones hacía la
sociedad y compartir experiencias, hacer de ellos una hermandad en la cual dar la
mano y donde la premisa de una amistad duradera.


