Hablando de estética, cuarentena y feminismo con Javiera Tapia, periodista musical chilena

Hablando de estética, cuarentena y feminismo con Javiera Tapia, periodista musical chilena

Justo la pillamos en pleno lanzamiento y promoción del libro “Amigas de lo Ajeno“, todo por supuesto realizado virtualmente. Porque en plena , se hace más importante que nunca conocer a quienes siguen mostrando su trabajo y además lo hacen con estilo; Javiera Tapia tiene mucho de eso. Visualmente romántica y también apasionada por la música en todas sus aristas, Javiera lleva harto tiempo trabajando como en sitios como POTQ además de crear Es mi Fiesta, impulsada por reunir relatos y experiencias en torno al feminismo en todas sus formas.

-¿Cuánto tiempo llevas como parte de POTQ y cómo llegaste al periodismo musical?
Si ahora lo analizo en retrospectiva, siento que haber llegado al periodismo musical fue algo
natural. En primer lugar, siempre escribí, desde que tengo memoria. Y por otra parte, la
música era algo que estaba presente en todos mis espacios. Cuando era adolescente
accedía a la música escuchando radio, pero también gracias a Internet: bajaba música y
ocupaba Fotolog para enterarme de tocatas. También compraba la Rockdelux, que
llegaba a los kioscos del centro con seis meses de retraso.

Cuando entré a estudiar Periodismo, vi a la prensa musical como una posibilidad para
desarrollarme y no solo como algo en lo que yo era la lectora o la oyente. Empecé a
colaborar en blogs, hice mi práctica en la revista Extravaganza! cuando volvió a fines de la
primera década del 2000 y me quedé ahí como productora periodística y redactora hasta
que cerró en el 2011. Entré a POTQ Magazine en el año 2009, mientras estudiaba Periodismo en la Usach. Estuve colaborando ahí de forma intermitente, hasta que en el 2014, Felipe Arriagada (fundador de la web), me propuso ser la editora del sitio. Yo acepté pero con la condición (patúa) que me dejara abrir el sitio a una diversidad de estilos musicales más amplia y también a desarrollar formatos periodísticos desde otras perspectivas, como por ejemplo, el
cruce de la música popular con los feminismos.

-¿Cuál es para ti un artwork/carátula/portada de disco perfecta?
Uh, hay varias. Por ejemplo, una de mis favoritas es la de Tapestry de Carole King, porque
desde que la vi por primera vez, pensé que esa foto, de ella en la ventana posando con su
gato, era la adulta en la que me quería convertir. Y sin ser obvia, representa absolutamente
la vibra de ese disco. Por otro lado, me parece que la de Rumours de Fleetwood Mac es icónica. Es perfecta. Stevie Nicks aparece con su vestido de “bruja” personificando a Rhiannon, personaje de la mitología celta. Una diosa que galopaba en su caballo y que nadie podía alcanzar. Mick Fleetwood con dos pelotas colgando de su entrepierna y una bola de cristal en la mano. Es oscura, como las letras de las canciones de ese disco, llena de reproches y palabras muy honestas sobre los trapitos cochinos de relaciones absolutamente rotas. Y por último, Norma de Mon Laferte me parece perfecta también. Es simple. Ella llorando y picando una cebolla. Siento que reivindica todo lo que alguna vez le criticaron alguna vez. Canta canciones cebolla y ¿cuál es el problema? Son increíbles. Además, tal como me contó ella en una para mi libro, hay mucho humor ahí y dentro de sus canciones,
solo que los demás no nos hemos permitido leerlo de esa forma. Hay más complejidad en
su desarrollo artístico que la historia de éxito.

-Tu trabajo te ha llevado a conocer diferentes estilos musicales pero también estéticos. ¿Cuáles han sido esos artistas que te han dejado una marca en cuanto a ésto?

Creo que a lo largo de mi vida me ha pasado con muchos. Cuando era chica me encantaba
todo lo que proponía Gwen Stefani, porque mezclaba lo pop con elementos punk y del ska.
Ya más grande, me gustaba lo que hacían las Televisa en las tocatas (Francisca Villela y
Javiera Mena), era todo muy pop y de fantasía futurista, pero también muy simple y
accesible al mismo tiempo, bien DIY. Por esa época también ya estaba sonando Le Tigre y
todo ese electropop tenía una que me encantaba, era todo muy brillante, colores
vivos, pero al mismo tiempo tenían esta aura de noche, de club. Y ahí entra todo, desde el tontipop español hasta las Lulú Jam. Pero al mismo tiempo de todo esto, me encantaba
Placebo y esa estética de adolescente andrógino y oscuro también la intenté cultivar. Me
turnaba.

Me encanta también esta estética media bruja que tenía Stevie Nicks y que me resuena
mucho (así como su música también), en Florence Welch y recientemente, amo
absolutamente todo lo que sale de Rina Sawayama. Siento que representa a la perfección a
las que llegamos o están por llegar a los treinta, en relación a toda la información que
recibimos de internet mientras crecíamos. Es totalmente impredecible. Así como en una
canción pop puede meter metal, lo mismo hace con toda su propuesta estética.

Otra que me encanta es Vendredi sur Mer, que usa en sus videos telas satinadas, vestidos
vintage y elementos, en general, de una época que jamás vivió y que utiliza reinterpretándolos, dando su propia lectura en la mezcla con cosas actuales. También a medida que voy creciendo le encuentro cada vez más sentido a las propuestas estéticas de Sade y Jessie Ware, tan pulcras, mínimas, pero poderosas. Como de mujer que sabe.

-Si hablamos de diseñadores o inspiración en general, ¿cuáles serían tus favorites?
Mi diseñador favorito es Cristóbal Balenciaga. Cuando estuve en San Sebastián lo único que quería hacer era tomar una micro a Getaria para conocer su museo y cuando lo hice, creo que es el momento en el que he sufrido el Síndrome de Stendhal más largo de mi vida. Me quedo con ese Balenciaga, no con el actual. En general, creo que me gustan los extremos. Por una parte, me encanta ver un buen corte aplicado a una buena tela en un color neutro, como lo que hace Son de Flor con los vestidos de lino, las prendas minimalistas y unisex de Acne Studios o las camisas blancas de Filippa K. Pero por otro lado, me encanta el exceso, los estampados, el tul, la organza y el volumen. De hecho, mi ropero está compuesto de esa forma. Con extremos.
Pienso en los vestidos de Molly Goddard, en los estampados de Erdem, los bordados de
Elie Saab y las formas de los abrigos de Delpozo. También en los vestidos de Minju Kim, la
diseñadora que ganó Next In , un reality de Netflix que no me gustó y que solo vi por
ella.

Si pienso en marcas más “accesibles” (jajaja) me encantan los vestidos de Make My
Lemonade, Kling y Sister Jane.

-Sabemos que te encanta Molly Goddard (la del vestido de Villanelle en Killing Eve).
Hablando justamente de ella y de escenas de estilo en películas o series, ¿hay alguna
que te haya marcado en cuanto a estética?
Sí, la película La favorita. El trabajo de Sandy Powell en esa película me dejó mal. Es tan inteligente y talentosa, que se tomó licencias artísticas al crear ese vestuario que siento que
en otras manos, se hubiesen manifestado como un error o una distracción. Por ejemplo, los
pantalones que usa Rachel Weiss son de vinilo, totalmente anacrónico. O los hombres de la
corte, con maquillaje y pelucas exageradas se ven caricaturizados y se contrapone a los personajes femeninos, como creando una balanza que se inclina siempre hacia ellas en
términos de poder. Ellas se ven reales y dominantes. También la paleta de colores que utilizó, en cada escena, tienen todo que ver con la habitación o el lugar en el que se ambienta la escena.

-Con Internet en general y la exposición de los artistas, se conocen muchas más cosas que antes. ¿Qué opinas con respecto a la cultura del cancelade, por ejemplo?

Hace muy poco, después de pensarlo mucho -y sigo intentando desarrollar ese
pensamiento, está en proceso- llegué a que la cultura de la cancelación no existe. Lo que
existe, es gente, generalmente, desde espacios de opresión desarrollando discursos y
críticas hacia el poder. Con el Me Too, por ejemplo, son mujeres o disidencias hablando de
abusos y agresiones sexuales o bien, se hacen nuevas lecturas sobre obras que en su
momento no parecían ser problemáticas y desde ahora sí.
Yo no quiero que se censuren o películas que ahora, en el 2020, nos parezcan
problemáticas. Quiero que hablemos y expliquemos por qué nos parece que lo son. Que su
circulación sirva para echar a andar el pensamiento.
Cuando se habla de la cultura de la cancelación, de que estamos entrando en una época en
que “no se puede decir nada ya”, me parece que es validar el discurso del poder. Siento que
los humanos actuamos a partir de dos emociones esenciales: el amor y el miedo. Y el
hecho de intentar crear algo como la cultura de la cancelación viene de ese miedo de ver
cómo discursos disidentes, que critican al poder, ahora tienen canales más directos de
expresión y difusión.
Algo que sí he visto, es la banalización de este tema, que es algo que produce también el
ruido de internet. Como digo, aún no tengo la respuesta, es algo que sigo pensando todo el
tiempo. Y si alguien quiere profundizar en estas ideas, le recomiendo Ofendiditos de Lucía
Lijtmaer, en donde la autora habla de la criminalización de la protesta y cómo la amenaza a
la libertad de expresión no viene desde los oprimidos, sino del poder político y cultural.
Hace cien años, D.W. Griffith. estrenó El Nacimiento de una Nación, una película que tuvo
críticas por lo racista que era. Entonces, a medida que crecían esas protestas y la película
llegaba a otros teatros, el director incluyó un mensaje al inicio: “No tememos la censura, ya
que no deseamos ofender con impropiedades u obscenidades, pero sí exigimos, como un

derecho, la libertad de mostrar el lado oscuro del mal, para que podamos iluminar el lado
positivo de la virtud: la misma libertad que se concede al arte de la palabra escrita: ese arte
al que le debemos la Biblia y las obras de Shakespeare”. Un hombre, desde el poder,
intentando acallar discursos de crítica que nacen desde la opresión.

Nada nuevo.

- ha pasado de ser una plataforma feminista a una verdadera comunidad, donde hay cabida para varias voces e inquietudes. ¿Cómo la has visto en estos tiempos de pandemia?
Ha sido un período muy complicado. Con las compañeras de equipo vamos pasando de un estado a otro todo el tiempo, algo que me parece normal. Cada una está librando su batalla
personal en modo supervivencia en esta época, hay mucha incertidumbre y hay días en que nos queremos comer el mundo, otros quemarlo y otros quedarnos en posición fetal en la cama sin querer saber de nada. Me imagino que como todos los demás ¿no? Aún así, con todas las dificultades que una pandemia pone sobre nuestros hombros, sigue siendo el espacio que cumple con el deseo con el que fue creado. Un punto de encuentro, de información, de sentirnos acompañades, de leer a otre que piensa diferente a mí y me muestra otro punto de vista. EMF está siempre abierto a todes quienes quieran contar un pedacito de su mundo 🙂

-¿Cómo ha sido para ti este periodo de incertidumbre por cuarentena? ¿Cómo mantienes la creatividad, por ejemplo?
Ha sido súper difícil. Como te decía antes, hay días y días. A veces me siento súper creativa y me pongo a escribir o a investigar para trabajar en un libro nuevo y otras, ni siquiera puedo sentarme a leer. Algo que me ha ayudado ha sido seleccionar mejor los en los que me informo y no estar tragando noticias todo el día. Para la creatividad, creo que leer es lo que más me despierta ese lado. Ya sean artículos en Internet o libros de no ficción, ensayos. También escuchar música que no conozco paseándome por las nubes de tags de Bandcamp y ver documentales o películas. Mi pareja sabe mucho de cine y siempre sabe qué recomendarme. Siempre le achunta. Lo otro, es conversar con mis amigas. De ahí siempre salen ideas que compartimos o mini proyectos que vamos armando, nos vamos ayudando. Eso es muy bonito. Hace poco volvimos a hacer con la escritora Romina Reyes un podcast que años atrás hacíamos en una radio, se llama Consejos de Belleza y yo me encargo de hacer la edición y el montaje. Me encanta hacerlo. Cada programa incluye una lista de canciones especial, de acuerdo al tema que estamos hablando y me divierte mucho construirla.

-Cuéntanos un poco sobre .
Es un libro de relatos/ensayos basados en entrevistas con músicas chilenas como Mon Laferte, Francisca Valenzuela, Horregias, Javiera Mena, Denise Rosenthal, Mariel Mariel y Ana Tijoux, entre otras. Es un libro de música, pero también de muchas otras cosas. Siento que es como una cebolla, una va descubriendo a estas músicas en capas, pero también siento que se puede hacer una lectura de nuestro pasado más reciente y también del presente. Como apunto en el prólogo del libro, para muchas mujeres la puerta de entrada al feminismo fue a través de la organización social o la academia y para mí fue la música popular, entonces, creo que esa perspectiva cruza todo el libro. Es la lupa con la que se mira lo que ellas van contando.

-Por último, dinos una canción, una película y un icono que te inspiren.
La canción, Dancing Queen de Abba; la película, Skate Kitchen de Crystal Moselle y, para mí, un ícono es Tracey Thorn.

Fotos: Instagram, BioBio, Loud.

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Andrea Martínez Maugard
Andrea Martínez Maugard

Periodista y Magister en Comunicaciones. Creadora de Martirio’s Way, un blog donde une la moda, la música y el cine, temas que mezcla de vez en cuando a través de sus posts en Viste la Calle.

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