¿Qué pasa con Raf Simons?

¿Qué pasa con Raf Simons?

Cada vez que lo vemos en un nuevo comienzo, la historia se corta, o por lo menos lo ha hecho las dos veces en las que ha tomado control sobre una marca. Talento le sobra y a pesar de eso, aun no logra asentarse como parte de los creativos de grandes casas de moda. Este viernes 21, Raf Simons anunció que dejaría Calvin Klein, firma norteamericana que sin lugar a dudas ayudó enormemente a revitalizar, aunque con sus peros de por medio. Y ante esta situación no podemos sino preguntarnos, ¿qué pasa con el belga?

Cuando el escándalo Galliano azotó la casa de Christian Dior, muchos especulaban acerca de quién sería capaz de aceptar semejante desafío: comandar una de las casas más exitosas de las últimas décadas -gracias al toque de locura y extravagancia del hoy Maison Margiela-, sin morir en el intento. Construir una nueva imagen e inyectar un ADN reconocible a través de las colecciones ya era un desafío en sí mismo, pero una humilde figura demostraba que la valentía también forma parte de la moda. Raf Simons había comenzado en 1998 su marca homónima, convertida en firma de culto y para los años posteriores y de manera silenciosa, no solo había redefinido el minimalismo elegante, sino también había conseguido hasta una nominación al Oscar gracias a su vestuario bajo Jil Sander para “Io sono l’amore” (2009). Así llegaba con una timidez reflejada a punta de cámaras que lo persiguieron en su llegada a París bajo el documental “Dior and I”, uno que nos mostró aun más ese escondido mundo y esa sensibilidad a flor de piel del diseñador. Y con éxito a pesar de la fórmula totalmente opuesta a la de Galliano, Simons recorría una era post new look centrándose en el new look, dándonos a la Pretty Woman del espacio o a Blade Runner en Tokio al mismo tiempo.

Pero luego, su salida de Dior llegaría en 2015 con lágrimas y todo. Lo vimos sucumbir ante la presión en el mismo documental y tiempo después aseguraría que prefería la tranquilidad ante la máquina de confeccionar más de cinco colecciones al año, algo que finalmente lo alejaría de las grandes pistas. Sin embargo, el anuncio de su llegada a Calvin Klein fue aun mejor recibido: su estilo parecía indicado y demasiado alineado con la marca norteamericana, augurando en 2016 al fin una luz de esperanza para esa fórmula aburrida llamada NYFW. Sus colecciones eran modernas e intrigantes, se unían a la cultura pop con inspiraciones de “Tiburón”, el horror en el cine y de nuevo, Blade Runner. Sus campañas comenzaban a inspirar y a recordar la fotografía de moda de los ’70, pero en el camino llegó la tentación: sucumbió ante las Kardashian y el impregnarse de iconos flash actuales que más que aportar muchas veces a un imaginario, lo desgastan rápidamente.

Así se anunciaban pérdidas para la empresa, se publicaron reportes en los principales sitios web sobre moda que las ventas de Calvin Klein disminuían y los rumores se hicieron insostenibles. Hasta llegar de manera sorpresiva a una víspera navideña amarga para el belga, porque este 21 de diciembre se anunció su partida, la segunda de una casa en una década. Con ese rápido ritmo, poco puede hacerse para dejar una huella indeleble o por lo menos, construir la imagen apropiada. Y el río se llevó a Simons nuevamente, quizás cruzándolo con otro desafío del que esperamos pueda emerger con la gloria que merece.

Fotos: repubblica, Idolmag, Vogue Paris.

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