1940: Vestuario y guerra

1940: Vestuario y guerra
La Segunda Guerra Mundial fue absolutamente determinante en el vestuario, pues  la profunda acción Hitleriana sucumbió incluso aquello, determinando la uniformidad basada en colores oscuros y formas austeras.
Desde 1940 y hasta 1945, todo el revestimiento humano fue indicio de la estrechez económica y los problemas políticos generados por la guerra: en lo femenino, chaquetas cortas y estrechas, más faldas con poco ruedo, fueron consecuencia del ahorro en tela y costos de confección, instituyendo al sencillo traje de dos piezas como la gran solución cuya línea de diseño estaba fuertemente orientada hacia lo militar, debido a que la participación de la mujer en este conflicto bélico fue de gran importancia, llegando a intervenir directamente en las fuerzas armadas y en la acción civil.
Ante la base sencilla y opaca del vestuario, formalmente hablando, los complementos y peinados se trasforman en elementos protagónicos de las siluetas, donde los cinturones adquieren gran importancia, siendo el color rojo el más usado en ellos para potenciar la sencillez de los trajes de lanilla o jersey; además elementos como guantes, pañuelos y bolsillos falsos en las chaquetas, le otorgaban a la simple vestimenta un toque de distinción. El escote en forma de corazón, los drapeados y las hombreras caracterizan a los vestidos de cóctel, que se confeccionan en lanillas delgadas. Se usan boinas que dejan ver una parte del peinado, que generalmente se llevaba ondulado, suelto o con una especie de moño largo. En relación a prendas exteriores, se llevaban abrigos de lana, entallados en la cintura, algo más amplios en el ruedo, con solapas anchas.
La ocupación nazi en París y el cierre de importantes casas de moda, generó que se desplazara el centro mundial de la moda hacia Nueva York y Los Ángeles, permitiendo también a Londres, un mayor protagonismo. De los pocos modistos que sobrevivieron en París, cabe destacar a Jacques Fath, joven discípulo de Vionnet, precursor de la fabricación en serie y de la moda para jóvenes, con su línea Jacques Fath Université. Estados Unidos se vio en la obligación de crear su propia pauta con respecto al vestuario: Charles James inaugura su casa de modas en Nueva York y colabora con Elizabeth Arden (años más tarde lo harían los españoles Castillo y el dominicano Oscar De la Renta) y desde el estado de California, se crea para el mundo occidental el modo “casual wear”, de la que el jeans o pantalón vaquero es el máximo exponente.

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