Los bailes de la monarquía: reseña de la película Le Roi Danse (2000)

Los bailes de la monarquía: reseña de la película Le Roi Danse (2000)

Colaboración de Nicole Inostroza

Con un gran equipo de vestuario, el director belga Gérard Corbiau retorna a Francia del siglo XVII con una cinta que deleita a sus espectadores. Le Roi Danse (“El Rey Baila”), basada en el libro de Philippe Beaussant, aborda la faceta artística de la monarquía de Luis XIV desde el ojo de Jean Baptiste Lully, bailarín, compositor y coreógrafo del mismo monarca.

El montaje comienza con el gran Ballet de la Nuit de 1653, donde Luis XIV, con solo 14 años, asume el papel de Apolo —dios de la paz y las artes— vistiendo un atuendo totalmente dorado, con la figura del sol al centro, una corona de puntas y zapatos con taco suministrados por Lully. El joven Luis XIV incorporó los tacos en su atuendo cotidiano debido a su mínima estatura (1,63m). De hecho, Luis XIV fue durante su época uno de los más notables coleccionistas de zapatos. La suela y el taco solían ser rojos, como aparece en su retrato más típico.

La moda del taco se expandió de inmediato entre la aristocracia europea. Carlos II, rey de Inglaterra en la época, aparece con zapatos similares en su retrato de coronación en 1661. Luis XIV impuso la moda del taco con un soporte carmín sobre el suelo para dar altura a las monarquías absolutas.

La película El Rey Baila exhibe la obsesión de Luis XIV por la figura de Apolo, a quien escoge para convertirse en el benefactor de las artes. En 1661, Luis XIV impulsó la creación de l’ Académie royale de danse. Pero no solo el coreógrafo Jean Baptiste Lully enseña los pasos de baile al joven rey, también el dramaturgo Molière escribe comedias y tragedias para su corte. Lully y Molière comienzan a trabajar juntos: mientras Molière escribe, Lully compone la música. Así, dan vida a Les Fâcheux, la primera comedia-ballet en tres actos, escrita específicamente para el divertimento del rey y la corte.

Las piezas de Lully acompañan todo el trabajo literario de Moliére con la representación de sus obras más famosas: El Enfermo Imaginario, El Burgués Gentilhombre y Tartufo. Además, la ópera Armide de Lully suena durante dos escenas fundamentales: mientras la madre de Luis XIV es operada de cáncer de mamas a la manera antigua, cuyo procedimiento incluía la extracción de sangre para bajar la fiebre; y más tarde, durante la planificación de la construcción del Palacio de Versalles, centro del poder político desde 1682 cuando Luis XIV lo trasladó desde París.

Desde la perspectiva de Lully, protagonista real de la película, la historia abunda en drama y pasión. El artista tiene un ímpetu desatado que acaba por enemistarlo con Molière, al abandonar a su esposa por perseguir una vida promiscua y bisexual, y morir sin la anhelada compañía del rey, quien se percata de la falta de Lully solo cuando extraña la música que solía iluminar las habitaciones de Versalles.

La cinta está lejos de ser una mera película de época. Por eso, Lully y Molière tienen roles fundamentales en el relato. Los episodios rescatan la música, la literatura y las artes que dieron vida a la monarquía francesa durante su máximo apogeo. Luis XIV no solo legó los tacos rojos a los europeos, sino un estricto carácter soberano que arrastraba todo el reino tras él.

Nada extraño es que la majestad de su reino se haya perdido después de su muerte, gracias a que sus envilecidos descendientes derrocharon la fortuna del Estado. Con la llegada de la Revolución francesa, la promesa de una monarquía solar quedó sepultada bajo el filo de la guillotina. Y nunca un rey volvería a bailar otra vez en Francia.

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