La moda es creencia y fe

La moda es creencia y fe

Colaboración por Nicole Inostroza

Aunque quizás una de las características más típicas de la moda sea su mutabilidad, existe una equivalencia entre dos grandes nombres: moda y religión. Grandes compañías y diseñadores han adaptado temas y vestidos religiosos, entre los que podemos nombrar como ejemplo a John Galliano para Dior, cuando incluyó, en su desfile de otoño el año 2000, un modelo vestido de Papa que cargaba con humo blanco; a Marithé + Francois Girbaud, que representó La Última Cena en su campaña de jeans el 2005; y al reciente desfile de otoño 2013 de Dolce & Gabbana, que recupera el arte bizantino en prendas que muestran santos, reyes y ángeles sobre doradas telas; por nombrar solo a algunos.

Las religiones incorporan el vestuario como símbolo primero de la identidad de sus fieles. El vestido carga con los dogmas de quienes profesan la fe y su forma simboliza la filiación de quien se cubre con el manto de la vida mística. Tal identificación con formas de vida religiosas no son únicamente personales, aparecen también en el ámbito público. El vestido expresa a la mirada ajena la correspondencia entre la vida social y la fe personal de cada uno de nosotros. 

Por sobre todo, el ritual es donde el vestido brilla con todo su poder. Las vestimentas y adornos apropiados identifican los roles dentro del rito. Por ejemplo, el judaísmo es especialmente cuidadoso con el vestido, debido a la exigencia de la religión en cuanto a la presentación personal frente a Dios. Bajo la concepción de que el cuerpo posee una mitad pura (cintura arriba) y otra impura (cintura abajo), los judíos dividen con pretinas su vestido para exhibir la disyuntiva corporal. El islam, por su parte, separa abruptamente todo comportamiento cotidiano según el sexo. Los hombres se hallan más libres en cuanto a la vestimenta que usarán a la hora de practicar la oración. En cambio, las mujeres están forzadas a cubrirse casi totalmente.

Aunque estas marcas quizás sean más evidentes en las religiones orientales, el catolicismo también revela jerarquías claras a la hora de vestir a los miembros de su institución. Monjas y curas visten modestamente, con ropas sobrias de cortes simples. En cambio, el Papa, Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, ha cargado siempre con vestidos lujosos, adornos y suntuosidades dignas de un rey. Estos vestidos se han fosilizado, resistiendo los cambios que el tiempo ha ejercido en la vestimenta. Por eso, el Papa viste de la misma forma desde el comienzo de la institución. Sus delicados atuendos podrían contar la historia universal del vestuario. 

Pero eso no es todo. La moda también se apropia de la religión al constituir su existencia homólogamente, como si los fanáticos de la gran industria de la moda fueran fervientes devotos religiosos. El próximo documental de Karl Lagerfeld “Mode as Religion” juega con las equivalencias entre la experiencia religiosa y la moda. Algunas de las sorprendentes correspondencias que se conocen hasta ahora: revistas como Biblias, modelos como ángeles, y “consumidores de la moda” como verdaderos creyentes religiosos. Así también, Fashion Weeks que representan un lugar sagrado, donde se encuentran las distintas jerarquías en las que se sostiene la industria con los fieles seguidores. Por supuesto, la expectación alrededor del documental ya ha tenido repercusiones, entre las que cuentan la caricaturización que el artista AleXsandro Palombo hizo de Lagerfeld como el Papa ―enviado de Dios en la Tierra― de la moda, junto a Anna Wintour en atavíos de monja, sosteniendo una revista Vogue, portadora de la palabra divina.

El documental de Karl Lagerfeld viene a coronar el deseo que la moda ha sentido por la tradición religiosa. Porque ahora no solo en la religión, sino también en la moda, el vestido se muestra al público con la marca notoria de que el usuario cree intensamente en lo que lleva puesto. La implacable fe de verse bien.

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