Las editoras de Vogue y sus primeras portadas

Las editoras de Vogue y sus primeras portadas

La elección de modelo, fotógrafo y color de la ropa determina completamente el éxito de una portada, especialmente cuando se trata del debut de alguna editora en jefe de revista famosa. Por eso, Vogue y sus ediciones internacionales más famosas han contado con el trabajo de legendarias mujeres del rubro, cuyas primeras portadas parecen contrastar o seguir el ritmo del trabajo actual que desempeñan, ya sea en Estados Unidos, Italia o París.

 

En la Vogue británica comenzó a trabajar como editora en jefe la mismísima Anna Wintour. Corría el año 1984 cuando puso a Talisa Soto en su primera portada, cuyo estilo del close-up excesivo parecía ser su fórmula en la década. Pero en 1987 le ofrecieron el puesto de editora en Vogue US, donde por supuesto refrescó la mirada gracias a varios elementos: introdujo el jeans por primera vez en conjunto con la alta costura, desarmó un traje de Lacroix dejando solo el top como complemento y se salió del close-up para centrarse en la actitud relajada de Michaela Bercu, fotografiada por Peter Lindbergh. La sucesora de Wintour en la edición británica, Liz Tilberis, también dio su propia clase en las portadas: comenzó con Naomi Campbell vestida de dorado con una inusual y alegre pose capturada por Patrick Demarchelier. Pero en 1992, el reinado que ocupa actualmente Alexandra Schulman llegó con la top Linda Evangelista, centrándose en permitir a las modelos ponerse en roles inusuales como el de taxista.

Para la edición italiana, Franca Sozzani fue tal vez más sutil que cualquiera, centrándose en lograr el tono sepia que caracterizó a muchas de sus editoriales en los ’90: en 1988 dejó la primera colaboración de Steven Meisel con la revista, que ya tiene más de 25 años a cargo del famoso fotógrafo. En cuanto a Vogue Paris, la similitud entre Carine Roitfeld y Emanuelle Alt es marcada; Roitfeld era pura sexualidad, canalizada a través de la figura de Kate Moss platinada vestida de Gucci blanco el 2001, fotografiada por Mario Testino. Alt escogió a Gisele Bundchen por Lamsweerde y Matadin también vestida en color blanco el 2011, bajo un escenario natural pero con insinuadora pose al más puro estilo de su ex jefa.

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