La Belleza del Momento

La Belleza del Momento

Todos somos bellos en el fondo. Eso nos han dicho. Hermosa utopía que choca con la realidad una y otra vez: La sociedad, las industrias multimillonarias de la belleza y la moda, e incluso la ciencia nos dicen otra cosa. La belleza existe, se puede clasificar y establecer en cuanto a parámetros raciales, de género, de edad e incluso matemáticos. Pero ¿qué significa ser bello hoy?

Parece una locura dedicar tanto dinero, tiempo, sudor, tinta y lágrimas a un concepto tan irreal. Reconocemos la belleza cuando la vemos, la juzgamos en los demás todo el tiempo, pero no podemos soportar la idea de ser observados con la misma dureza. Hay algo en lo hermoso que nos atrae de forma compulsiva, no importa si somos los más superficiales de la cuadra o unos intelectuales consumados. La belleza, tanto la propia como la ajena nos obsesiona a todos, y así a sido desde el principio de la cultura. El hombre lleva hablando de “Lo bello” desde tiempos inmemoriales y el tema está lejos de estar cerrado, simplemente porque la belleza no sólo cambia de valores y de cánones cada cierto tiempo en ciclos que no paran de evolucionar. Basta con ver los miles de estudios, libros, post y papers universitarios que se le dedican al tema desde todas las disciplinas. Lo vemos también, en la diversidad de temas que hoy definen lo que nos parece, en este momento y en nuestra cultura, lo bello.

La belleza imposible: El mundo del retoque

En el mundo de la belleza parecemos haber llegado a un límite en el que la realidad y la ficción se desdibujaron. Cada vez existen más caminos en búsqueda del cuerpo perfecto, de la estrella de Hollywoood perfecta, de la portada perfecta. Hay métodos que engañan: el Photoshop y la cultura del airbrush. Vivimos en la sociedad del retoque. Todo por una obsesión que sobrepasa muchas veces los niveles del sentido común.

En su libro Bossypants, Tina Fey recuerda el momento en que se dio cuenta de que todas las chicas deben “serlo todo”, cuando su prima atacó duramente las caderas de una mujer en un paseo a la playa. “No sabía que las caderas podían ser un problema tan grande. Solo sabía que se podía ser gordo o flaco, no que podía haber tantas cosas malas con tu cuerpo”. Pero sí, puede haberlas, aunque el cuerpo sea completamente sano y funcional.

El cuerpo perfecto nunca estuvo tan al alcance de muchos como hoy, es cierto. Aunque también, en ningún momento esa idea estuvo tan en la mente de todo el sexo femenino, no importa la edad ni las condiciones externas. El estar “divina” es visto como el mayor símbolo de poder sobre sí misma que la mujer puede tener. ¿Educación, dinero, posgrados, una familia feliz? Who cares if you are not pretty.

Otro extracto de Bossypants dice “Recuerdo que cuando era niña las opciones eran dos: ras bello o no. Si lo eras, todo bien, pero si no, eso también estaba ok. Podías estar tranquilo y buscar un oficio. Hoy, es una obligación para todos el ser bellos. Siempre”. Escuchémoslo de una persona que ha hecho carrera en ser lista y graciosa, pero que, aún consagrada en la televisión, debe dar explicaciones permanentemente por no ser tan bonita como las demás, o más bien, por no ajustarse 100% al canon de belleza aceptado por la TV estadounidense. Una mujer que debe ser más delgada y estar más en forma que el 95% del resto de sus compatriotas de su edad.

La verdad es que a mucha gente le conviene que las mujeres aceptemos como un reto posible el alcanzar un ideal inalcanzable y estrecho de belleza. Millones de empleos se basan en la idea de que se puede llegar a ser un poco de eso que llaman la belleza del momento y mientras haya oferta, habrá demanda.

Belleza y raza: Entre la dignidad y el negocio

El mundo de la moda ha sido, desde siempre, duramente criticado por promover una idea de belleza, digamos, estricto. Las top models suelen ser rubias altas y delgadas de ojos claros, incluso en países en los cuales esas no son características fáciles de encontrar. Basta ver la lista de modelos mejor pagadas del año 2010: Gisele Bundchen, Heidi Klum y Kate Moss. Todas de orígenes distintos, pero al fin y al cabo, caucásicas.

Pero la industria de la belleza ha empezado a dar signos de mayor apertura. Al menos, desde la boca para afuera, se tiene un discurso cada vez más integrado a la sociedad en el que se explicita que la diversidad es bella. El gigante de la cosmética Estee Lauder presentó la temporada pasada una campaña multirracial, incluyendo a la supermodelo china Liu Wen, la portorriqueña Joan Smalls y la belleza clásica rubia-de-ojos-azules francesa Constance Jablonski.

El mensaje en sí no es nada nuevo. Desde los años 60 en adelante, pioneros del mundo de la moda han intentado poner en el tapete la idea de una belleza no blanca como posible, primero con las bellezas negras Naomi Sims o Donayle Luna, y luego, en la década del 70 y 80, cosechando éxitos masivos pero aislados, con las supermodelos Imán, Beverly Johson y Naomi Campbell. Éxitos que tienen un sabor agridulce, ya que por cada chica negra famosa en el gran mercado, hubo muchas más que pudieron haber aportado, pero que, simplemente, no llegaron.

Ni hablar de otros tipos de belleza, como el latino o el asiático. Hasta quizás bien entrados los 90, las chicas no blancas no eran más que la opción divertida y étnica dedicada a enaltecer la belleza de la chica rubia en programas de televisión y en el cine.

Los estándares que tienen que ver con la industria son cada vez más diversos y también más heterogéneos. Pero gran parte de esta realidad actual, tiene que ver, cómo no, con lo económico. La millonaria industria de la belleza no va a perder su parte en los mercados emergentes, como China y Latinoamérica. Las decisiones son tomadas con calculadora en mano, más que responder a un nuevo paradigma.

Viendo el vaso medio lleno, podemos decir que los medios y la publicidad, más allá de porqué lo hacen, sí construyen realidades. Quizás el incluir modelos más diversos sea un movida comercial, pero sirve para que las chicas negras no sientan que tienen que aclarar su tono de piel mediante cremas abrasivas, que las orientales no necesiten operarse los ojos para ser atractivas y que las latinas no deban reducir al mínimo sus caderas mediante extremas dietas del pomelo. A mí, al menos, me parece un avance.

Ilustraciones: Angello García Bassi

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