Entrevista a Natalia Schwarzenberg: “Me gusta tomarme la moda más como un juego que como un servicio”

Entrevista a Natalia Schwarzenberg: “Me gusta tomarme la moda más como un juego que como un servicio”

Natalia Schwarzenberg es, con certeza, la productora de moda (o estilista, como a ella le gusta que la llamen) más cotizada de nuestro país. A pesar de su evidente prestigio en el mercado nacional, ella prefiere mantenerse al margen de los reconocimientos. “Es una buena cosa no sentirse muy cotizado, de lo contrario lo único que te queda es bajar”, se justifica. Natalia llega con un aire muy relajado a la entrevista, se sienta, hablamos un poco antes de encender la grabadora y luego de que comienzo a grabar, sigue hablando con el mismo tono distendido y coloquial con que empezó nuestra conversación. Lo que lleva puesto es también bien sencillo: una polera blanca rasgada con jeans negros y anteojos oscuros, una especie de soft rocker con mucho estilo. Tiene 31 años, llegó a Chile a los cinco, luego de haber vivido durante el lapso anterior en Alemania. A los 19, se fue a estudiar diseño de vestuario a Barcelona donde empezó a involucrarse en el estilismo, para volver a Santiago con 27 años. Conversamos con ella sobre su trabajo y sus apreciaciones de la industria chilena. Aquí las concepciones de una experta.

Como una manera de introducir tu trabajo a nuestros lectores, ¿nos podrías contar en qué consiste el trabajo de estilista o productora de moda?

A mi me gusta decirle estilista más que productora de moda. Básicamente trabajamos con las tendencias, algunos más creativamente en las editoriales, otros más comercialmente en la publicidad. Finalmente, estamos los que para sobrevivir tenemos que trabajar en ambas áreas. Sobretodo, es una pega entretenida, porque es un juego con la moda.

¿Cómo empezaste en la producción de moda?

Partí desde chica, cuando jugaba a hacerle ropa a mi Barbie, después seguí con mis pololos. Ahí creo que realmente comencé, haciéndole ropa a otra gente y haciéndomela a mi misma. Luego, entré erróneamente a estudiar periodismo, me retiré y me fui a estudiar diseño de vestuario a España. Mientras estaba en la universidad, me puse a trabajar en una revista que me gustaba mucho y en la que siempre había querido trabajar: AB, una de las primeras publicaciones de corte moderno en España. Fui hasta la revista muchas veces para que me dejaran hacer algo, pero siempre me decían que no, hasta que yo creo les gané por cansancio y me empezaron a dejar hacer cosas pequeñas. La revista se terminó y pasó a convertirse en otra publicación que se llama “Metal”, yo estuve en toda esa transición y me hice parte del staff, terminando como estilista. Ellos fueron mi gran escuela.

¿Por qué decidiste regresar a Chile y cómo fue el proceso de insertarte en el mercado local?

Yo vine de vacaciones a Santiago por dos o tres meses y como tenía mucho tiempo libre me puse a trabajar. Me ofrecieron harta pega, a la gente le interesaba mucho mi trabajo porque tenía un pequeño background. Ahí conocí al Nacho Rojas (fotógrafo) e hicimos súper buenas migas y ahora es mi gran partner en esto de la moda.

Yo tenía mi vida en España, mi casa, mi círculo, pero aposté a quedarme en Chile y hacer carrera aquí. Había mucho donde crecer, varios proyectos interesantes, como la revista Ronda, por ejemplo. Finalmente, fue un desafío súper bonito el ser parte de una generación que empezaba a hacer cosas.

¿Cómo es tu proceso de creación para una producción de moda?

Generalmente, desarrollo una idea y siempre la hablo con el fotógrafo y de ahí yo me pongo a producir, a conseguir lo que necesito y el fotógrafo, por su parte, se pone a buscar lo que él requiere. Normalmente, nos juntamos un poco antes para afinar detalles y el día de las fotos fluimos muy naturalmente.

Mis referentes son bien variados. Las ideas pueden surgir a partir de una tendencia que viene, como de un grupo de música que nos gusta. Hace mucho tiempo, por ejemplo, hicimos una editorial de Quilapayún con Nacho, porque nos encantaba la estética que tenían y nació una moda de eso. Siempre es bueno destacar cosas chilenas. En este país se copia tanto que finalmente la única manera de hacer algo distinto es usar las cosas y referentes locales. En esa época estábamos súper entusiasmados y queríamos hacer una trilogía con Quilapayún, Los Prisioneros y Violeta Parra. Finalmente, la de Violeta nunca la hicimos.

¿Cuáles son los aspectos que más y menos te gustan de tu trabajo?

Hay dos ramas en mi pega: la publicitaria y la editorial. Si sólo haces editoriales es difícil sobrevivir. Publicitariamnete el trabajo es mucho menos creativo, tú tratas de aportar en algo que ya está mas o menos armado. Finalmente, la tarea es dejar un poco mejor lo que ya tienen.

La gente también piensa que mi trabajo es ultra glamoroso. El trabajo mismo no es tan chic, lo atractivo es el resultado final: fotos increíbles publicadas en una revista, pero todo el trayecto que hice para poder llegar a eso es lo menos glamoroso del mundo. O sea, yo tengo que andar por los malls con cuarenta bolsas en cada mano, me tengo que meter en cerros de ropa y luego devolver todas esas prendas. En realidad, no es una pega fácil como se podría pensar.

Por otro lado, tiene un montón de cosas buenas. A mi me encanta la moda, entonces ganarme la vida en algo que realmente te gusta es total. Eso me hace muy feliz.

Entonces te sientes más cómoda haciendo editoriales…

A mi me gusta desarrollar cierta creatividad y eso lo puedo hacer en las editoriales. Yo elijo una idea, busco la ropa, armo un mundo. En la publicidad, no armo ningún mundo. Me pasan algo y lo transformo. Yo soy mucho más partícipe en una editorial de moda que en una publicidad.

En base a tu experiencia, ¿por qué crees que las marcas de retail se han preocupado últimamente de hacer buenas producciones de moda para sus campañas?

Hoy en día en el mundo globalizado que hay, con Internet, siempre se quiere estar un poco a la altura de lo que pasa afuera. Ahora, las campañas en el exterior son siempre mucho más arriesgadas, en Chile aún nos seguimos poniendo límites.

¿Qué ves en las prendas de los diseñadores nacionales para incluirlas en tus producciones?

Me cuesta un poco incluir a algunos diseñadores chilenos. Trato de buscar harto, porque me parece que es bueno fomentar el mercado nacional, pero todavía siento que les falta un poco, sobretodo en la confección. Yo sé que el diseño independiente acá es complicado y que los diseñadores chilenos hacen un real esfuerzo por equiparase a las cosas que vienen de afuera. Últimamente he descubierto muchos buenos diseñadores, como Sebastián del Real, que se salen de la moda servicial para hacer prendas más jugadas, lo que uno como estilista agradece harto. Gabriela Zurita, A de Antonio, Bárbara B, Luz Briceño, Francisca von Hummel, Claudio Mansilla y  Pola Thompson me parece que también hacen cosas interesantes. Mientras más pasa el tiempo, van surgiendo más diseñadores que hacen cosas buenas y que puedo incluir en las producciones.

¿Cómo definirías la estética de tu trabajo? ¿Tiene tu estilismo algún sello en particular?

Algo específico de mi trabajo, sobre todo en las editoriales, es que me gusta tomarme la moda más como un juego que como un servicio. Me parece que en Chile cuesta salirse un poco de eso, sobretodo en las revistas que hay, las que generalmente siempre tratan de asesorar a las lectoras diciéndole “ok, puedes combinar esa blusa con ese pantalón”. Yo no hago eso, porque me parece que no es necesario, para eso están los catálogos y Chile debe ser de los países dónde más catálogos se hacen. Yo prefiero jugar, hacer algo divertido, bonito y distinto; mostrar opciones diferentes y hacer pensar a las personas que tal vez una combinación súper rara también puede ser opción. Y dentro de eso, mi estilo es bien ecléctico. Siempre estoy tratando de quebrar estilos con distintos elementos, pero también de unir diferentes estilos.

Tienes algún referente al que admires, ¿por qué? Si tuvieses que elegir un equipo de trabajo con talentos internacionales, ¿a quienes eligirías?

Me gustan la fotos de la Inez Van Lamsweerde con Vinoodh Matadin . Chema Yeste, Ana de Gregorio, etc. Pero, en realidad, mi equipo favorito y a quiénes más admiro es con quienes trabajo yo acá actualmente.

¿Cómo te proyectas a futuro?

En el futuro no me gustaría dedicarme a la producción de moda, me gustaría retirarme joven, irme a vivir fuera de Santiago y hacer algo nada que ver, vivir súper tranquila. Si tuviera que trabajar con moda, me gustaría hacerlo tranquilamente, quizás algo que me permita trabajar desde fuera de Santiago. No sé si quiero trabajar tal como lo hago hoy. Es un trabajo súper aperrado. No quiero llevar este mismo ritmo para siempre.

¿Cuál es tu opinión del mercado editorial chileno?

Creo que está bastante más abierto en cuanto a ideas, pero también encuentro que se han reducido mucho las revistas. En ese sentido, hay una dualidad rara. Hace cinco años habían por lo menos dos revistas más de moda, bastante más indie, que ahora ya no existen. Eso es preocupante porque quiere decir que no se da mucho espacio a las revistas más de nicho, las que no han podido sobrevivir, porque las marcas no se interesan en invertir en ellas.

Por otro lado, me parece que hay muchas nuevas generaciones que están haciendo cosas súper buenas. Los chicos jóvenes que estamos conociendo ahora están haciendo cosas increíbles. Me ha tocado escuchar de fotógrafos que aún están en el colegio, como el Pepo Fernández que hace cosas increíbles, por ejemplo.

¿A quiénes destacas de las nuevas generaciones?

Pedro Quintana, Felix Neira , Esteban Vargas,  Matías Lucero, Rosa Aguirre, Paola Velásquez, Claudio Robles, entre otros varios. Encuentro que hay una amplia gama de gente haciendo cosas muy buenas e interesantes. Las nuevas generaciones están creciendo con la cámara de fotos en la mano. Tanto así que la otra vez tenía que filmar un spot para una multitienda y el director del comercial tenia veintidós años.

Terminada la entrevista, apagada la grabadora, seguimos conversando por un rato y Natalia sigue igual de relajada, sencilla y simpática que cuando llegó.

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