Guy Bourdin, el fotógrafo más sensual de los ‘70

Guy Bourdin, el fotógrafo más sensual de los ‘70

En plena era disco, una fotografía lujosa, de colores vivos y mujeres insinuantes pero refinadas aparecieron como la imagen de moda de la década. Eric Boman sería uno de los responsables, gracias a sus icónicos trabajos para Vogue – que incluyen la portada de 1974 con Bianca Jagger y ese velo que brilla en su cara- y la dirección de arte de los discos de Roxy Music, que según varios descansa en la carátula de “Country Life” la portada más perfecta de la historia musical. Y el único que pudo superar a Boman en fama y trabajos fue Guy Bourdin, un francés que comenzó como cadete de la Fuerza Aérea y terminó siendo el partner visual del diseñador de zapatos Charles Jourdan por más de veinte años.

Bourdin vendría siendo la versión oficial y elegante del estilo sensual de Terry Richardson, quien tiene mucho que agradecer al francés como inspiración; aun cuando Helmut Newton hacía lo suyo explorando niveles de sexualidad y sadomasoquismo en la fotografía, Bourdin fue capaz de llevar esta estética a niveles publicitarios, popularizando la sobreexposición de colores como herramienta para retratar la decadencia y el glamour de los diseñadores y sus prendas. Jerry Hall encima de un tiburón de plástico usando un bañador de Christian Dior, las imágenes de Ungaro con Anouk Aimeé como modelo a mitad de los ’80, los paisajes que incluían el uso de polaroids en las mismas tomas, todos trabajos que marcaron la época y que aun siguen siendo un referente.

El trabajo de Bourdin fue considerado controversial en alguna época, pues su mirada voyerista e insinuaciones sexuales eran excusas para mostrar colores y situaciones sacadas de ideas pop. Así llegó a usar una fotografía de John Travolta entre las piernas de una modelo, o la “muerte” de otra en un plano donde el labial y el barniz de uñas rojo pasión simbolizaban la sangre. Las colorinas eran a menudo retratadas en sus trabajos artísticos, y entre sus musas estaban Janice Dickinson y sobre todo Nicolle Meyer, quien siempre estaba dispuesta a posar como Bourdin quiso. A pesar que el fotógrafo falleció en 1991, su memoria y legado aparecen de vez en cuando reversionados por algún lente actual, como Terry Richardson y el anuncio casi pornográfico para el perfume de Tom Ford –sí, el envase entre las piernas de la chica ya había sido patentado por Bourdin en los ’70- o la campaña publicitaria de primavera/verano Valentino 2008 por Inez & Vinoodh. Al final, todos tratan de emular al original.

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