Elsa Schiaparelli: los pies sobre la cabeza

Elsa Schiaparelli: los pies sobre la cabeza

La Primera Guerra Mundial, logró vehiculizar no tan sólo los egos de múltiples hombres tras una bandera, sino que además trajo consigo cambios sustanciales en la transformación de la indumentaria. Las consecuencias eran palpables ya no tan sólo en la devastada geografía humana europea ni en las modificaciones territoriales de ese entonces; además las condiciones de vida, estados de ánimo y la aceleración industrial son parte de los cambios que terminaron confluyendo en el modo de vestir.

Los hombres al llegar de la guerra, son sorprendidos por el abandono doméstico que hacen sus mujeres, dónde éstas trabajan y acceden a nuevos roles, los cuales son acompañados por un nuevo vestuario que se acomoda a estas nuevas formas de existencia. Entonces, muy atrás quedan los corsés, la incomodidad sublime de la belle époque, ya no se marca la cintura de manera asfixiante, la falda comienza a ser más corta, piel y piernas son vistas gracias a la invención de la seda artificial y el uso de medias. Los sombreros comienzan a ser menos aparatosos y más sencillos, los rostros comienzan a lucir ojos dramatizados, labios intensos y las cejas son delineados por la depilación. El tiempo transcurre, son los locos años veinte, atrás ha quedado el violento recuerdo de la guerra, los vestidos con flecos se mueven con el jazz y las prendas comienzan a ser mas compatibles con la realidad de cuerpos que se movilizan. Es el auge de la vida nocturna, cabarets, cine, teatro, son los encargados de trasladar la diversión a la noche y las mujeres también gozan de este nuevo ritmo social. Las calles, son invadidas por nuevas siluetas femeninas al estilo garçon, los cabellos muy cortos y el flequillo recto, seguido de una figura estilizada y angulosa. Así, se inaugura la búsqueda de la comodidad, en este escenario, nombres como el de Madeleine Vionnet, Jeanne Lanvin y Coco Chanel son las encargadas de destilar por medio de la moda, las ideas de una época y de un nuevo cuerpo.

Elsa Schiaparelli, nace en Roma un 10 de septiembre de 1890. En 1910 viaja a Paris donde contrae matrimonio con un hombre aristócrata de origen polaco, de esta corta unión nace una hija llamada Gogo. Tras su separación, decide viajar a Nueva York, siendo este viaje el encargado de unir la vida de Elsa al arte, conociendo así a Marcel Duchamp y a Fracis Picabia, entre otros connotados artistas de la época. Es así, como decide regresar a Paris y a su vuelta se encuentra con el apogeo de Paul Poiret, a quién conoce personalmente y admira de manera profunda. Combinando las aportaciones de Poiret y lo aprendido en Estados Unidos, nace así; el sport wear. Así, el diseño de un famoso jersey negro con un lazo entretejido, imitando los pañuelos o tiras que llevaban los hombres alrededor del cuello, marca el comienzo de su revelación. En 1927, abre en la Rue de Paix, una tienda modesta con el nombre de Pour le Sport, diseñando sweaters con motivos africanos y tatuajes marineros.

En los años 30, salta a la Alta Costura, si bien sus siluetas son mas bien escuetas y simples, los fondos y motivos que decoran estas formas son insolentes y poco interesadas en mantener la elegancia y la funcionalidad de la prenda. Elsa, utiliza las prendas como una canal que comunica; fantasía, humor, juego e insolencia. Combina la elegancia del traje tubular con chaquetas cortas o “toreras”, que imitan el esmoquin, la falda-pantalón figura como otra de sus creaciones insignes tanto para su carrera como para la movilidad de cientos de mujeres. Su creación no tan sólo se alberga en sus diseños sino que atraviesa el uso de materiales como cuero barnizado, plástico, celofán, uniendo además rayón y latex.

Hacia 1935, inaugura su boutique de Alta Costura en la Place Vendome, desde este momento hasta 1939, conforman la etapa de mayor prestigio, reconocimiento y producción para esta diseñadora y artista. De esta etapa, una de las piezas más conocidas, son los sombreros diseñados junto a Dalí, llamado “shoe hat” en 1937, dónde un zapato no es un zapato sino un sombrero. De sus muchas colaboraciones con este artista se desprenden diseños tales como el vestido de cajones que data de esta misma fecha. Otra de sus importantes creaciones, son las chaquetas y abrigos bordados en colaboración con Jean Cocteau, vestidos estampados con páginas de periódicos inspirados en los collages de Braque y Picasso. Para Elsa, la moda unía magia y arte, los cuáles confluyeron en cada una de sus piezas, encontrando en el surrealismo aquella realidad que se une al sueño y a su sueño por aprehender y unir aquello que podría ser contradictorio.

En el universo conformado por Elsa, podemos encontrar joyas con formas de insectos, botones en forma de labios, de caballos de circo o guantes con uñas pintadas y garras.

La llegada de la Segunda Guerra Mundial, logra no tan solo apagar la luz de Europa sino además es el fin de la Era Schiaparelli, su boutique se traslada a Estados Unidos en 1949, cinco años más tarde realiza su último desfile, jubilando del diseño y recluyéndose en la escritura de sus memorias, de la cual se extrae una de sus frases más significativas “diseñar moda… para mí no es una profesión sino una arte”.

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