La guerra (iracunda) a la falsificación

La guerra (iracunda) a la falsificación

Hojeando la Harper’s Bazaar del mes de mayo (disponible en formato PDF aquí) me encontré con un aviso que me llamó profundamente la atención, pero no por los motivos usuales (Photoshop y celebridades rejuvenecidas) sino porque lleva a un extremo de alarma inusual, al menos para mi, como habitante del tercer mundo, un fenómeno que de tan recurrente tomamos como natural, pero que a través de la década pasada y ésta se ha ido transformándo cada vez más en un tema serio: La falsificación o imitación de bienes de lujo.

El aviso (arriba) dice lo siguiente:

ROMPE LA LEY EN TRES FÁCILES CLICKS: ¿Cuál es el arma más poderosa de un capo del crimen mundial? Tu computador. La mayoría de la compra de imitaciones se realiza online. A través de éste dinero, se está apoyando el trabajo infantil, el tráfico de drogas, y el terrorismo.

¿No será mucho? Dije yo. Está bien, sin duda, la comercialización de imitaciones no es un lindo y plácido negocio familiar, sin duda es un terreno pedregoso contiguo al mundo de las marcas de lujo que es un verdadero dolor de cabeza para éstas. Averiguando un poco más acerca de éste tema, las marcas y los países (especialmente Francia) se han tomado el tema muy seriamente, al contrario de la gente común y corriente, para quienes la imitación sigue siendo, como me dijo una amiga una vez Un delito sin víctimas. De que las hay, las hay, y no solamente los señores millonarios dueños de LMVH. Obviando incluso las imitaciones realmente peligrosas para quien las consume (como las de medicamentos), el Counterfeit de bienes de lujo produce pérdidas inmensas de dinero que eventualmente repercutirán en los mercados locales, como las 38 mil personas que quedan sin trabajo al año por las falsificaciones (ésto, según datos de Louis Vuitton, ojo). También, aunque no lo he visto con mis propios ojos por lo tanto no lo puedo afirmar con certeza, es muy probable que muchos de esos bienes se produzcan en paises del tercer mundo a través del trabajo semi-esclavo o infantil, y que éste dinero financie también actividades ilegales y destructivas. No lo sé, aunque puede -totalmente- ser.

Hablar de datos sin duda es raro en éste tema, porque es imposible saber si una persona que compra una falsificación compraría efectivamente el producto real, sin embargo hay estimaciones que dan para pensar un segundo en el negocio multi-multimillonario que producen las imitaciones: 600 billones en ventas totales, 512 billones de dólares en pérdidas para las marcas, un total del 10% de los bienes producidos en el mundo …Ufff, los números siguen (fuente) y de pronto éste negocio parece más malévolo, aunque sin duda nuestra reacción como excepcionales consumidoras quizás será Y a mi que me importa que los gringos y/o franceses pierdan plata?

Quizás debería importarnos. Y ojo, no estoy diciendo con ésto que todas corramos a comprar artículos de lujo (aunque lo dijera, ¿Alguien lo haría?). Más bien me refiero a que comprar bienes falsos para que parezcan verdaderos simplemente no está bueno. ¿Para que gastar en simular algo que no podemos tener?, ¿Porque no mejor gastar esa plata en un lindo bolso, más original y más barato?, ¿Para qué uniformarnos con algo tan como un monograma repetido?

Y ésto lo digo desde un lugar personal, porque aunque yo jamás me compraría un bolso Louis Vuitton falso (primero, no me gustan y segundo, no me gustan lo que dicen de una persona) he tenido mis ojos en un bolso igualito al Mulberry Alexa desde un tiempo. Y parece que, si es que soy un poquitín consecuente con las cosas que digo, ahí se va a quedar. Quizás algún niño en Taiwán me lo agradezca.

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