El Bicentenario en VLC: La Independencia

El Bicentenario en VLC: La Independencia

Trás revisar el vestuario pre-hispánico en nuestros capítulos 1,2,3 y 4, y La Colonia en nuestro capítulo 5, llegamos al período de nuestra historia por el que hoy celebramos nuestro Bicentenario, La Independencia. La primera junta de gobierno precidida por Mateo de Toro y Zambrano es el hecho que marca el inicio de nuestro país como nación independiente, hoy conmemorando esa fecha damos una primera mirada a las características del vestuario en este período a través de la investigación del historiador chileno Francisco Javier González Errázuriz.

La moda francesa es la que se comienza a imponer paulatinamente hasta ya a fines del siglo XIX predominar en las clases altas y medias, no sin por ello dejar de tener cierta influencia en los sectores populares. Fue un proceso paulatino iniciado inmediatamente después de la independencia. En 1821, por ejemplo, el almirante francés de la Graviere, que arribó a Valparaíso en misión oficial con dos buques de guerra, informaría que las mujeres de la alta sociedad porteña mostraban una clara inclinación a las modas y maneras francesas. Un año después, otro oficial naval de ese país, el almirante Mackau, tendrá una impresión similar respecto a las damas de Valparaíso y Santiago: “..las mujeres solo aprecian las modas y vestidos franceses”

Lo señalado por los marinos en los comienzos de la vida republicana del país correspondía a la imagen de un grupo de mujeres que, por su posición social, cultura y riqueza habían comenzado a situarse en los lindes de una vida más europea. Pero deberán pasar muchos años para que la moda llegada desde Francia comenzara a generalizarse.

El diplomático de esa nación en Chile Charles Wiener, que por haber servido su cargo por muchos años en este país estaba en inmejorables condiciones para ser testigo agudo de los cambios que se producían en la sociedad chilena, indicaba en 1888 que hasta fines de los años 1850 todavía las mujeres se vestían con una ropa tradicional donde predominaba indiscutiblemente el tan criollo manto. Pero señalaba que esa costumbre se había perdido en los años posteriores, quedando reservado el uso de esa prenda solo para asistir a los actos de culto.

La moda francesa se podía apreciar no solo en las calles y salones de las grandes urbes chilenas, pues en localidades menos importantes igualmente imperaba. Por ejemplo, en la ciudad de Los Andes – en realidad hasta fines del siglo XIX no pasaba de ser un pueblo de 3.500 habitantes,  puerta de entrada al país si se venía desde Argentina, Thédore Child se encontró con la sorpresa de que las pocas mujeres que allí divisó estaban vestidas a la última moda parisina: “En Los Andes me encontré con algunos oficiales, empleados de oficinas, comerciantes y una docena de damas que llevaban sombreros a la moda parisina del año anterior”

Como se puede apreciar, las publicaciones especializadas en asuntos de moda eran de granimportancia para conocer lo que se usaba, o se creía que usaba en París. En Chile estas publicaciones fueron conocidas bajo el nombre genérico de figurines, en alusión a los excelentes dibujos, muchas veces en colores, con los que se presentaban los modelos. Tanto los comerciantes como los particulares los utilizaban para escoger sus preferencias. Una vez realizada la selección del vestido o traje que gustaba existían dos posibilidades: importarlo directamente a la tienda parisina que lo ofrecía, o, si venía el patrón del vestido (molde con los cortes y medidas) se podía mandar a hacer a una buena costurera.

Entre la prensa dedicada a la moda, una de las más famosas en Chile, entre otras cosas porque se editaba en español, fue La Elegancia de París. Periódico quincenal editado en París por Francois Brachet, dedicado a la moda y que contenía figurines, patrones y noticias sobre el tema. Sus agentes en Santiago y Valparaíso fueron los señores Santos Tornero e hijos. Junto con presentar los modelos, en cada ejemplar se hacían comentarios explicativos de las nuevas tendencias y lo que se estaba usando como trajes de soirée, de calle, de noche, etc.

También varias publicaciones periódicas chilenas de la época incorporaron a sus páginas comentarios sobre la moda parisina. Y algunas llegaron a tener su propio “corresponsal” en París. Así, La Revista Nueva, editada a fines del siglo XIX por el librero Carlos Baldrich, publicaba en todos los números una carta enviada por una supuesta chilena desde la ciudad del Sena con sus comentarios: “…actualmente dominan las pieles. Los trajes con astracán, cibelina, karakul, nutria… En asunto de adornos, el éxito corresponde a los zorros…”

Con el paso de los años, en las principales ciudades chilenas se fueron abriendo grandes tiendas que importaban la moda parisina y también la fabricaban en el país de acuerdo a los patrones dictados en esa ciudad europea. Sus vitrinas y dependencias ofrecían una buena oportunidad de conocer los nuevos dictados de la de la alta costura. Algunas de esas firmas fueron A la Belle Jardiniere, fundada en la ciudad de Concepción en 1875 por el ciudadano francés M. Pouey, dedicada a la confección y con secciones para caballeros y señoras

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