Cristóbal Balenciaga: el arquitecto del vestido

Cristóbal Balenciaga: el arquitecto del vestido

He aquí uno de los predilectos (y afortunados): hijo de pescador y de una costurera nacido en el País Vasco, diseñó su primer vestido a los trece años; tuvo una mecenas, la Marquesa de Casa Torres, quien al ver su joven y naciente talento lo incentivó a seguir en el ámbito del vestuario como aprendiz de sastre en Donostia, donde inaugura en su bagaje el arte del molde. En 1915 abrió su primera tienda en la capital de su país natal; a ésta le seguirá una segunda casa de modas establecida en la misma ciudad en 1931. Esta última será conocida con el nombre de “Eisa” (abreviatura del apellido “Eisaguire” de su madre), la misma denominación adoptada posteriormente por otras dos sucursales en Madrid y Barcelona. Así comienza todo.

En los años 20 Balenciaga frecuenta París y se empapa del hacer de algunas de las diseñadoras más potentes del momento, luego de eso propone a través de sus trabajos tendencias más vanguardistas en el diseño de inicios del siglo XX, que aparecen en gran medida relacionadas con el proceso de liberación que viene advirtiéndose en el vestuario para las mujeres que, cada vez más, tiende a realzar la forma natural del cuerpo. Y conmemorando las nuevas tendencias, Balenciaga firma vaporosos vestidos de noche y prendas de corte deportivo. Creaciones, eso sí, que deben ser siempre ubicadas en el contexto de la alta costura y que se distinguen por sus formas: volumétricas, espaciales -aparece la tercera dimensión dándole una presencia arquitectónica- basadas, a veces, en la desconstrucción, el corte, los materiales empleados y los detalles. Son modelos originales, de altísima calidad y elaboración exquisita.

El estallido de la guerra civil española marca una nueva etapa en el proceso de Balenciaga: luego del cierre de sus tres tiendas en territorio español, viaja a Londres, desde donde se desplaza a París (1937), abriendo su casa de modas. En el mismo mes de Agosto de 1937 presenta su primera colección, cuyo éxito de crítica se expande rápidamente, lo que genera la reapertura de sus tiendas en Madrid, Barcelona y Donostia. Además, en este momento, diseña sus primeras creaciones para el cine. Durante la década de 1940 Balenciaga aporta interesantes innovaciones al mundo de la moda, como son los vestidos inspirados en el Renacimiento español, o su particular interpretación del bolero (chaquetas cortas y que en el caso de Balenciaga suelen estar generosamente bordadas), además, trabaja en originales y escultóricos sombreros. A lo largo de estos mismos años, el diseñador indaga en el ámbito de la perfumería a través de sus propuestas “Le Dix” y “Le Fuite des heures”.

La década de los años 1950 resulta ser especialmente intensa en el camino de Balenciaga: acontece lo que se conoce como la “revolución Balenciaga”. Todo se gira hacia la desnudez y la simplicidad en las formas: las camisas y chaquetas se desprenden de los cuellos, la cintura se desdibuja, las túnicas se convierten en protagonistas buscando potenciar la caída y el cuerpo de los tejidos. Balenciaga trabaja con formas esculturales promovidas por la naturaleza de los materiales empleados, lo cual supone un cambio fundamental en la silueta femenina, innovaciones que han podido superarse, abandonarse o transformarse pero que llevan el sello inconfundible de su creador. En este decenio, además, Balenciaga trabaja para el cine: viste a Ingrid Bergman en Anastasia y diseña el vestuario de Madame Wessweller en el filme de Jean Coucteau Le Testament d´Orphée.

Actualmente se desarrolla una exposición sobre Cristóbal Balenciaga en el Museo de Bellas Artes de Bilbao hasta el 26 de Septiembre (por si alguien pasa por allá) cuyo objetivo es “inducir al espectador a una reflexión sobre el papel que la moda y el vestido pueden tener en el individuo y la colectividad, ya que los vestidos de Balenciaga dibujan límites físicos y sociales, enmarcan a las mujeres que los llevan, transformándolas en mujeres elegantes que esconden su feminidad individual bajo una armadura de buen gusto y formas refinadas”. Si la ve, cuente por favor.


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