El Bicentenario en VLC : La vestimenta Ona

El Bicentenario en VLC : La vestimenta Ona

Continúamos con nuestra revisión de la historia del vestuario de Chile, en nuestros últimos 3 artículos hemos visto la vestimenta Mapuche, Aymara y Diaguita, hoy revisamos el vestuario de los Onas.

Los Onas habitaban la Isla Grande de Tierra del Fuego a la que ellos llamaron Karukinka. El nombre “Ona” proviene del idioma yagán y ha prevalecido sobre Selk’nam, que era el nombre que les daban los tehuelches. Antes de su casi extinción, eran nómadas terrestres, cazadores y recolectores.

Andaban desnudos y para protegerse del frío y la lluvia usaban una larga capa de piel de guanaco, a veces podía ser de zorro o cururo, que los cubría desde el cuello hasta las rodillas. La empleaban con la piel hacia fuera y la llamaban chonhkoli. Usaban mocasines, zapatos fabricados con la piel de las extremidades del guanaco, cosidos con el pelo hacia fuera, su fuerte a nivel cultural era sin duda la pintura corporal.

Los hombres llevaban un adorno triangular de cuero sobre la frente, atado alrededor de la cabeza al que llamaban Kóchil. Gustaban de adornarse con collares, brazaletes y pulseras, confeccionados con huesos de aves, conchillas y trenzas de tendón de guanaco. Hombres y mujeres se pintaban dibujos sencillos en colores como rojo, negro, blanco y amarillo.

El final del pueblo Ona relata una trágica historia que corresponde al llamado genocidio de los selknam de Tierra del Fuego, el que se desarrolló entre la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX. Tras cientos de años de vida seminómada las grandes compañías ganaderas pusieron sus ojos en la isla e introdujeron las estancias ovejeras lo que creó fuertes conflictos entre los nativos y los colonos europeos. La solución de las grandes compañías ovejeras fue pagar una libra esterlina por cada Selknam muerto, lo que era confirmado presentando manos u orejas. Las tribus del norte fueron las primeras afectadas, iniciándose una oleada migratoria al extremo sur de la isla para escapar a las masacres. En busca de alternativas a la matanza, en 1890 el Gobierno chileno cedió la isla Dawson a sacerdotes salesianos que establecieron allí una misión, dotada de amplios recursos económicos. Los selknam que sobrevivieron al genocidio fueron virtualmente deportados a la isla, la que en un plazo de 20 años cerró dejando un cementerio poblado de cruces. Ni un solo selknam sobrevivió a la pérdida de la libertad

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