La mujer chilena en los años 30

La mujer chilena en los años 30

Luego de presentar a Elena Caffarena en el artículo anterior, surgió la inquietud con respecto a ahondar en cómo era su entorno en relación al revestimiento, con el fin de entender aún más su modo dentro de un contexto general.

En 1930 el panorama en Chile, con respecto a la mujer, era de apertura y cambios: trabajan por reivindicaciones civiles y políticas, fundando organizaciones para extender las oportunidades culturales, económicas, cívicas y sociales; esta instancia más las consecuencias económicas de la crisis de 1930, que elevó el costo de la vida urbana de los chilenos, generaron que el vestuario comenzara un proceso de democratización, en el cual las telas se hicieron más accesibles y la producción en serie se extendió tanto entre las elites como en las clases medias.

Tanto mujeres profesionales como trabajadoras optaban por trajes de dos piezas, con faldas plisadas y tableadas al inicio de la década y godé o evasé y tubo hacia fines del período, blazer y blusa, cubiertos por un abrigo en época invernal, que podía ser de paño o piel. La silueta delgada es abandonada por un culto a la salud y al cuerpo, que promueve un aspecto saludable, la vida al aire libre y el contacto con el sol, por ende, el uso de polvos en el maquillaje es abolido por algunas mujeres y además, ante esta nueva postura, la ropa deportiva (trajes de baño tejidos, shorts, salidas de baño y sandalias) adquiere enorme importancia.

En esta década la esbeltez del cuerpo comienza lentamente a dejar de ser un requerimiento, en este proceso se pasa del uso del corsé a la faja que, de acuerdo a un anuncio publicado en El Mercurio en 1937, “modela el cuerpo de acuerdo a la última moda sin causarle molestias ni sofocaciones”. Con respecto a la silueta del pantalón, el ruedo acampanado aparece o bien, de corte recto y con el talle a la cintura, pone en valor las formas naturales del cuerpo. Los vestidos de día son simples y sin decoraciones con el objeto de lucir complementos como pañuelos, cinturones o carteras; para la noche en cambio, el traje largo escotado en la espalda, es el favorito. Aparece una gran variedad de materiales, incorporándose fibras artificiales como el rayón y la seda sintética; para el verano la tela más adecuada es el lino, combinado con otras fibras que evitan las arrugas. En cuanto al remate superior del cuerpo hacia finales de la década, el sombrero se transforma en una pieza absolutamente imprescindible y en relación al peinado, la mayoría usaba el cabello largo y un tomado elaborado.

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