Martin Margiela, el enigmático Margiela

Martin Margiela, el enigmático Margiela
Martin Margiela ( foto tomada en 1997 y es uno de los pocos registros gráficos que se tiene de él)

Hago el siguiente ejercicio mental: repaso los nombres de varios diseñadores y me voy formando en mi imaginación un bosquejo de todos los genios que vienen a mi cabeza. Veo los ojos verdes y la barba “descuidada” de Marc Jacobs. Donna Karan llega mi mente con su tez siempre bronceada y su sonrisa ampliamente dibujada en el rostro. Alber Elbaz y su rostro de pingüino tímido y con anteojos no demora en formarse en mi cabeza. Son tantas las veces que los he visto retratados en alguna publicación, posando para las páginas sociales o saliendo a saludar después que la última modelo abandona la pasarela que me es fácil evocar sus caras y asociarlas a sus respectivas marcas. Pero hay alguien -un diseñador cuya influencia en la moda contemporánea ha sido muy significativa, pero subrepticia- que no asocio a ninguna faz en particular. Ningún retrato se dibuja en mi mente cuando escucho el nombre de Martin Margiela.

No es simple casualidad, no es que la memoria me esté traicionando, tampoco. Sucede que Margiela es la antítesis de todos sus colegas en lo que a relaciones públicas se refiere. Nunca se ha dejado fotografiar, no sale a saludar después de mostrar sus colecciones y evita las fiestas y exposiciones públicas que los demás diseñadores tanto aprovechan, como si se tratara de una vitrina más de sus negocios. Sin embrago, su actitud reacia ha hecho que se vaya tejiendo un velo de misterio y curiosidad alrededor suyo que, paradójicamente, tiene repercusiones positivas en los dividendos que le reporta su marca.

Aquí algunos de los aspectos más destacables de su carrera.

Invierno 2006

Bio

Nace en Lovaina, Bélgica, en 1957. Lleva a cabo sus estudios en la “Royal Academy of Fine Arts” de Amberes. Entre 1984 y 1987 trabaja para Jean Paul Gaultier, para luego en 1988 crear su propia etiqueta: Maison Martin Margiela, desde donde comienza a elaborar su propuesta completamente sui generis. Desde 1998 hasta 2003 diseña la línea pret a porte de Hermes, donde finalmente es reemplazado por Gaultier. En 2002 vende su marca Maison Martin Margiela al italiano Renzo Rosso, dueño del conglomerado Diesel, pero Margiela conserva la dirección creativa de la compañía. La llegada de Rosso significó la expansión comercial de la marca lo que, según cercanos al diseñador, no encajaba en absoluto con la filosofía del genio. Finalmente, todas las fricciones generadas con la llegada del nuevo controlador terminan con la salida voluntaria de Margiela de la casa que fundó. Las colecciones posteriores a su salida, que se oficializó recién el año pasado, pero que al parecer llevaba ya un tiempo en los hechos, han recibido duras críticas.

Primavera 2006

¿Moda, arte o filosofía?

La genialidad de Margiela es difícil de encasillar en alguna de estas categorías. Tiene su obra un poco de arte, un poco de filosofía y algo de moda, desde luego. Se trata, sin duda, de un rupturista en todo sentido. Mientras los diseñadores se peleaban las locaciones más exclusivas para presentar sus diseños, Margiela no tenía problemas con hacer de una estación de metro su pasarela o montar sus shows en los barrios más pobres de Francia, obligando a los editores y famosos a bajar del Olimpo y mezclarse con gente de menos suerte. Y eso cuando montaba un desfile, porque muchas veces, fiel a su estilo escéptico, todo lo que mostró por show fue un video que compactaba sus creaciones y que eran lucidas por gente normal, común y silvestre, nada de modelos altas y delgadas. Su primer desfile en 1988, que llevó por nombre “Destroy Fashion” lo consolidó de inmediato como un modisto antisistema e ícono del decontructivismo en la moda. Se trató de un desfile en medio de un lugar lleno de escombros, con mujeres normales como modelos que llevaban trajes de tela de saco, con los forros por fuera, las costuras a la vista, que a veces eran sólo hilvanados. Muchas de sus colecciones posteriores fueron elaboradas a partir de desechos domésticos en desuso, sus colores eran siempre neutros, de formas bastante poco convencionales. Margiela más que diseñar ropa la desfiguraba, la cuestionaba, dando a sus creaciones un acabado absolutamente vanguardista.

Invierno 2008

Su influencia es inconmensurable y clara en diseñadores como Alexander McQueen, Marc Jacobs y el propio Jean Paul Gaultier el cual le debe, en parte, a Margiela su apodo de niño terrible de la moda, pues fue en la etapa en que aquel colaboró con el diseñador francés que adquirió el apodo.

En definitiva, desde las sombras, desde un lugar invisible, Martin Margiela es uno de los diseñadores de mayor influencia de nuestros tiempos.

Primavera 2008
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