Carroll vs Tallman

Carroll vs Tallman

jueza

En el caso de Carroll vs Tallman (1979), la demandante Mary Carroll, entabló una acción contra la empresa Talman Federal Savings and Loans de Chicago, por un supuesto código de vestir discriminatorio impuesto a ella y todas las empleadas mujeres, por parte de la compañía demandada. Ellas debían usar un uniforme consistente en una falda o pantalones combinables con chaqueta o sweater, pero los hombres que se desempeñaban en la misma función, sólo estaban obligados a trajes de oficina a su elección.

Además, el costo del uniforme era asumido en el sueldo de dichas trabajadoras y su limpieza y mantenimiento también debía ser solventado por ellas, porque “debía mantenerse en buen estado siempre” y por “cualquier pérdida o daño” guess who tenía que reemplazarlo o repararlo.

Una de las defensas del demandado, estaba basada en “una posible preferencia de los clientes hacia los uniformes…” (so vague) y que el código de vestir era “razonablemente necesario para la correcta ejecución del negocio” (pfffff… yo me pregunto cuánto le pagaron a sus abogados). También señalaron que “la competencia por vestir entre las mujeres se veía reducida en estos días de glamour…” (¿y porque decidieron ellos que ellas no podían competir?)

La parte demandante solicitaba igualdad de condiciones: la posibilidad de usar “traje de oficina” al igual que los hombres; hacer el uniforme opcional o bien que los empleados hombres también usaran uniforme.

Los jueces señalaron en el fallo que si bien no hay nada ofensivo en los uniformes per se, cuando los empleados están uniformados y otros no, hay una tendencia natural a asumir que los uniformados tienen un status profesional inferior que los colegas que se visten con libertad.

Por suerte la Corte resolvió a favor de las mujeres, por violación de la prohibición de discriminación basada en sexo o género establecida en el Acta de Derechos Civiles, pero hubo un voto en contra. El juez Pell señaló que ”los uniformes no eran no-atractivos de estilo, inferiores en calidad o incómodos de manera tal que causaren vergüenza o o fueren considerados demeaning (La Corte por suerte aclaró que el gusto personal de los miembros de la misma es irrelevante para el caso). Además, Pell agregó (opinó subjetivamente) que “el código de vestuario no implicaba sustancialmente una carga mayor para las mujeres que a los hombres en el disfrute de sus trabajos.”

PD.: Casos así prácticamente no existen hoy… Pero los vendedores en el sector de hombres en Falabella Parque Arauco por ejemplo, usan terno, mientras que las mujeres usan un uniforme de chaqueta y poleras verdes…

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