Lo que me pasa cuando voy a comprar

Lo que me pasa cuando voy a comprar

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Me fascina la ropa, me encanta investigar sobre moda. Pero comprar es otro asunto.

A mis 39 años, con mi perfecto cuerpo de pera, presupuesto más que acotado y casi nada de tiempo –traten de ir al mall con niños de 3 y 5 años–, comprar ropa es una tarea titánica y hasta desagradable. Sobre todo cuando uno no quiere andar uniformada, demasiado pedir para este país.

Con el tiempo, he llegado a definir cuál es mi problema: lo que me queda bien, lo que me gusta y lo que puedo pagar rara vez se junta. Me encantan, por ejemplo, las panties o leggins con diseños, pero tengo piernas gordas y cortas, entonces cero posibilidad. Me encantan los tacos, pero no puedo usarlos porque tengo una hernia en la espalda y si los uso me duele. Me encanta la ropa de la Juana Díaz, pero o le compro algo o le pago el sueldo a la nana. Todos los pantalones que me gustan me quedan anchos de cintura y apretados más abajo. Feliz tendría millones de zapatos, pero como me puedo comprar sólo dos pares por temporada, le exijo a cada par que cumpla miles de funciones. Tienen que verse bien con pantalones y con falda, tienen que tener el taco justo por el tema de mi columna, tienen que combinar medianamente bien con todo lo que tengo en el clóset y servir para la pega y el fin de semana. El resultado de esta ecuación es: chalas negras.

Como soy flaca de arriba, busco colores y formas más seductoras para esta zona. Pero llego a las tiendas y siento que nada de lo que se vende es para mí. Entonces me pregunto si acaso tengo una identidad muy extraña o qué. La ropa es muy formal, muy hippie, muy “de ejecutiva”, muy joven, muy típico, o lo que sea. El punto es que no es YO. Me la pongo y rara vez me siento bien en ella. Cuando ocurre ese milagro, por supuesto, compro. Tampoco soy TAN mañosa.

Vestirse tampoco es fácil.

Cuando suena el despertador a las 7 AM, prendo la tele rápidamente para ver cómo va a estar el día, ruego porque le achunten, repaso mentalmente mi agenda para saber si tengo algún evento o reunión que obligue a dejar fuera los jeans y me pongo algo que ya he usado antes, porque no tengo un minuto para pararme frente al espejo para ver si me queda bien alguna nueva combinación: a las 7:45 tengo que salir a dejar a los niños y luego manejar casi una hora para llegar a la pega. No es que quede tan lejos, es por el taco. Y así termino vestida, casi todos los días, con un pantalón negro, un chaleco negro largo y una blusa o polera que aporte color.

Y después, más de alguien me sugiere ¿y tú escribes de moda?

Me dan ganas de cachetearlos.

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