El estilo Gap y el síndrome del alfiler

El estilo Gap y el síndrome del alfiler

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Por m-columnista, Corresponsal desde New York

Hubo un tiempo en que GAP marcaba la tendencia imperdible de EE.UU. Como indica el New York Times, eran los días en que Seinfeld aún estrenaba capítulos y cuando Helen Hunt se paseaba como ropa muy suelta y relajada, además de un enorme impermeable, en Mad about you.

GAP tenía fabulosas fotos, con ultra famosos modelando ropa simple que conquistaba los corazones de América, como le gusta a este país referirse a sí mismo. Pero hoy, hasta Elaine Benes (Julia Louis-Dreyfus) se ríe de esas pintas. Hace un par de noches jugó al “antes” y “después” en el Late Show con David Letterman comparando sus antiguas y sueltas pilchas con sus más ajustadas y brillantes pintas actuales.

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Así como todos los nombrados se reinventaron (aunque según recuerdo la última vez que vi a Seinfeld estaba vestido de abeja), GAP parece haberse quedado en el pasado. Y quiere volver a las canchas.

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Para hacerlo, se ha entregado a las famosas manos del señor Patrick Robinson, guapetón a cargo de diseñar productos que mejoren las alicaídas ventas de la tienda. Las primeras muestras parecían prometedoras, un grisáceo (pero no por ello menos atractivo) desfile me tentó hace algún tiempo para darle una nueva oportunidad a la que para mí se había convertido en una fantástica tienda de camisetas; era lo único que compraba ahí.

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¿El problema? Lo que yo llamo el síndrome del alfiler. Hay cosas que se ven fantásticas en los maniquíes, pero cuando los miras con atención te das cuenta que les están arreglando la forma con alfileres. Cuando era joven e inocente, creía que era porque los maniquíes eran muy flacos (y en muchos casos lo son), pero el verdadero problema es de corte. Con los alfileres los aplicados diseñadores de vitrinas le dan a la ropa una forma mejor y más sentadora que la que tienen en verdad. El síndrome del alfiler no hace distinción de clase. Lo he visto en la más pobre de las tiendecillas y es una visita frecuente en Benetton, entre otras tiendas internacionales.

El New York Times se preguntaba si entregarle toda la responsabilidad de las futuras ventas al lindo de Robinson no era una estrategia equivocada, que quizás había otras variables. Pues les digo de inmediato… ¡eliminen los alfileres! El alfiler es a GAP lo que un analgésico a una grave enfermedad: esconde el síntoma e impide eliminar el problema.

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