Paisaje chileno de puntada libre en los microbordados de Dolly Davis

Paisaje chileno de puntada libre en los microbordados de Dolly Davis

Con una mirada extrovertida de la vida y un oficio completamente artesanal dedicado a la reutilización de materiales y a la cultura nacional y los paisajes propios, la diseñadora autodidacta Javiera Quesney ha pasado de ser una mujer líder a favor del reciclaje, reconocida como tal por la Revista El Sábado el año 2009, a reinventarse con un nuevo proyecto que la tiene inmersa en el micromundo de los bordados.

Tiene 39 años, dos hijas —Atenea y Magnolia—, y vive en el popular barrio La Chimba, por el sector de Independencia, en Santiago Centro. En su taller conviven telas, hilos, alambres, bastidores y todo el trabajo artístico de su actual pareja, el pintor Rodrigo Hidalgo Cid. Su historia con el diseño partió hace muchos años, como vendedora de la tienda KEBO en el Drugstore y con el tiempo entabló amistades que la ayudaron a tener tiendas propias en la calle El Manzano de Patronato, la calle Loreto de Recoleta, Apumanque y hasta el propio Drugstore.

“Después de cerrar la tienda en el Drugstore me quedé con la que teníamos junto a Carla Godoy, en la calle Loreto. Esa tienda la tuve 7 años y por ahí pasaron muchos diseñadores con sus propuestas. Por un tiempo, el local se llamó Jo, pero después me quedé sola y la falta de materiales para la confección de prendas, cinturones y accesorios, me hizo ponerle ojo a los objetos que botaban a unas cuadras de mi tienda, en Patronato. Gracias a los desechos de esa industria textil, empecé con la reutilización de materiales y ahí mi marca pasó a llamarse DOLLY DAVIS, en honor a mi abuela”.

La tienda en Bellavista reciclaba telas, botones, piezas de computadores e incluso bolsas de papas fritas para fabricar ropa, accesorios y objetos de decoración, lo que incluso le valió un premio en la Muestra Anual de Diseño Chileno (Madich). Actualmente, Javiera tiene un nuevo proyecto al cual dedicar su pasión por la reutilización de materiales y manualidades, esas que aprendió en su infancia gracias al oficio de sus padres, un papá pintor y una madre artesana aprendiz waldorf, además de las clases de bordado en el colegio Amelia Ojeda de Ditzel, en la zona rural de Caicaén, en la comuna de Calbuco de la región de Los Lagos. Los paisajes naturales de aquella infancia y con los que se reencontró a principios de este año la llevaron crear microbordados con pequeñas representaciones de paisajes, ciudades y dibujos abstractos. Cada pieza luego pasa a un soporte de metal o madera, sea en prendedores, cajas de relojes, colgantes o bastidores que no pasan de los 5 centrímetros de diámetro.

“En todo este tiempo he ido probando nuevas técnicas para bordar en pequeño, con nuevos hilos, nuevos soportes, agujas cada vez más chicas y bordados de una o dos hebras. Casi todo es de técnica libre y con muchos colores. A veces intento representar fielmente la naturaleza y tomo fotos para recordarla, pero también me gusta bordar lo que me entrega mi imaginación, como los volcanes en erupción, los corazones o los motivos que a veces recibo de encargo”, nos cuenta. “Cada vez que termino un trabajo es una sorpresa, solo dibujo con lápiz mina unas líneas preliminares y a medida que avanzo voy dando forma a mi idea mental. Lo que me gusta es contar historias a través de estos micropaisajes”, agrega.

Los microbordados de DOLLY DAVIS, hechos por Javiera Quesney, los encuentran en las distintas ferias que la diseñadora participa y publica en su Fan Page de Facebook, así como a través de la tienda Piso 12, con la que está presentando una línea de microbordados con bases de plata y cajitas de relojes antiguos con flora, fauna y paisaje chileno.

Fotos: Feli Ramírez 

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