Sustentable, tecnológico… ¿y a la moda?

Sustentable, tecnológico… ¿y a la moda?

Extracto de RevisteLaCalle 7

Las personas, las empresas y los Estados han entendido que se deben buscar vías sustentables para mejorar los problemas del mundo actual. Entre los pocos consensos globales, el fenómeno de la sustentabilidad se irgue como uno de los principales, y la tecnología es una herramienta esencial en ese cometido, ya que la industria de la moda comienza a incorporarla como aliada para hacer sus procesos productivos y su logística más sustentables. Moda, sustentabilidad y tecnología, veamos las posibilidades que ofrece esta unión, que para muchos es aún muy inusual.

Una prenda en el piso de ventas de cualquier tienda tiene toda una historia por detrás, una historia que muchas veces no es evidente ni visible a los ojos del comprador, pero no por ello inexistente. El relato creativo de su diseñador, la obtención de las materias primas para su fabricación, la producción misma y la logística para hacer que esa pieza cuelgue de un rack, son todas fases de la historia de esa prenda, en cuyo desarrollo se produjeron decenas de otras pequeñas historias que tuvieron impacto en el ámbito social, laboral y ambiental de distintas personas. El costo de una prenda cualquiera no es solamente el que indica su etiqueta; ya que hay muchos otros costos implícitos que han tenido que pagar terceros que nunca siquiera llegarán a usar la prenda.

La tecnología, ideada esencialmente para elevar nuestra calidad de vida, ha desarrollado una inventiva capaz de reducir esos costos implícitos y de atenuar, de alguna manera, el impacto que genera la producción de un ítem de ropa. Cuando hablamos de moda y tecnología, probablemente pensamos en vestidos que cambian de color, en materialidades caras y extravagantes, y piezas de diseño futurista. Sin embargo, la utilidad de los avances tecnológicos en la moda no se agota en el campo del diseño. La tecnología aplicada para mejorar los parámetros de sustentabilidad de una prenda viene siendo, desde hace un tiempo, algo más que una simple tendencia de estación, donde muchos productores lo entienden como un deber moral respecto al planeta que habitamos, los trabajadores que contratamos y el consumidor final al que le vendemos.

Nuevas materialidades

El algodón, el cuero y las fibras sintéticas como el poliéster, son lejos los materiales más ocupados en la elaboración de la ropa que usamos a diario. Sin embargo, la producción de dichas materias primas esenciales en la industria del apparel conlleva procesos altamente dañinos para el medio ambiente.La producción de algodón implica la utilización de millones de litros de agua, un recurso cada vez más escaso. El cuero es obtenido de la industria ganadera, una de las más contaminantes del mundo. Por su parte, la producción de fibras sintéticas implica procesos químicos que son también altamente contaminantes y que se valen de recursos no renovables. Así las cosas, de a poco han ido surgiendo novedosas materialidades que silenciosa y paulatinamente empiezan a posicionarse como un verdadero reemplazo de las usadas actualmente. ¿Cuero vegetal; una tela elaborada a partir de leche y microbios que crean materias primas? Todas posibilidades absolutamente ciertas y de mucho menor impacto medioambiental que las tradicionales.

La académica de Central Saint Martins, Suzanne Lee, mientras investigaba sobre futuras tecnologías en la moda, se dio cuenta de cuán contaminante era la industria textil a nivel global, y entonces, se propuso trabajar en una alternativa a los poliéster, nylon y algodones que inundaban los mostradores. Así es como llegó a crear Bio Couture, una iniciativa que busca crear materiales sustentables que alivian el daño medioambiental que produce la fabricación de ropa. Su primera innovación fue una tela producida a partir de la fermentación de una mezcla de agua, azúcar y té verde, junto con una solución que contiene bacterias, microbios y levadura.

QMilch es otra innovación en este sentido, y se trata de una tela que tiene su origen en la leche. ¿Qué tan sustentable puede ser esta tela si la leche es producida por la industria ganadera que, como sabemos, es contaminante? La lógica de QMilch es el reciclaje, pues para crear la tela utiliza leche agria que ya no puede ser ingerida por el ser humano y que, por tanto, irá a parar a la basura. La leche se mezcla con miel y se hierve, para luego ser comprimida y generar hilos que, al ser tejidos, forman la tela. El proceso es ecológico, pues no requiere la cantidad exorbitante de agua que se necesita para crear el algodón. Mientras se precisan dos litros de agua para producir un kilo de QMilch, se necesitan diez mil litros del líquido para producir la misma cantidad de algodón.

Este invento le valió a su creadora, la microbióloga y diseñadora alemana Anke Domaske, un premio a la innovación en su país. La tela, que fue descubierta en el intento de Domaske por encontrar fibras que no produjeran irritación en su padre enfermo de cáncer, además tiene propiedades secundarias muy útiles, como la antibacterial, puesto que la principal proteína de la leche que se usa en su fabricación también las tiene. La textura de esta tela es similar a la seda, no tiene olor y puede lavarse como cualquier otra tela. La desventaja de QMilch, que en cierto modo ha truncado su producción masiva, es el precio, ya que esta tela sustentable es en promedio 60% más cara que las telas regulares.

Smart Clothes

Uno de los puntos críticos en la economía global de hoy son las fuentes de energía. Esto ha incentivado a marcas y diseñadores a incorporar dispositivos en la ropa para convertir a las prendas en generadoras de energía. Zegna Sport, una línea de la marca de moda masculina Ermenegildo Zegna, creó la Solar Jacket o chaqueta solar, que a través de dispositivos que captan la energía proveniente del sol ubicados en la parte del cuello y superior de las mangas, permite al usuario cargar su teléfono o mantener los niveles de batería de su reproductor musical digital, por ejemplo. En esa misma línea, marcas menos conocidas, pero cuya intención es igual de loable, han creado carteras femeninas y bikinis bajo la misma lógica. Así, podríamos pensar, por ejemplo, en escuchar música mientras tomamos sol y cargamos nuestro reproductor.

Tech y sustentabilidad hasta el final

La mayor parte del impacto ambiental que produce la elaboración de una prenda se genera después de que esta ha salido de la tienda y ha llegado a las manos del consumidor. El lavado, planchado y secado que necesita nuestra ropa requiere de energía, agua y otros elementos que van en detrimento del medioambiente y que generan una huella de carbono considerable. Solo por mencionar un ejemplo, está el hecho de que lavar una carga de ropa implica la utilización de más de 100 litros de agua por carga, siendo la segunda actividad de mayor consumo doméstico de agua, después de la ducha.

Conscientes del impacto que la falta de un recurso escaso como este podría generar, científicos han estado desarrollando una lavadora que ocupa 90% menos de agua y que podría salir a la venta en dos o tres años más. La lavadora se valdría de granos de polímeros para limpiar la ropa, los que podrían reutilizarse varias veces. Estos se encargarían de remover el olor y las manchas de las prendas, al mismo tiempo que conservaría las telas y el color de las mismas por mucho más tiempo que el lavado tradicional, lo que tendría un efecto sustentable secundario al reducir la cantidad de ropa que se va a la basura.

Un hilo que hay que seguir

Los avances de la tecnología entregan a los diseñadores infinitas nuevas opciones. En la industria de la moda, estas opciones son normalmente usadas de manera superficial o para causar impacto visual en los consumidores (agregar luces led en los vestidos, por ejemplo), más que con un sentido de utilidad real. Pero lo cierto es que estas posibilidades deberían ser aprovechadas de manera creativa y con un propósito útil en mente.

La complejidad no debería pasar siempre por el diseño que intenta crear un discurso visual potente, sino más bien por las soluciones. Es fácil crear colecciones usando materiales high tech para luego llamarlo diseño futurístico, pero lo que en realidad necesita el futuro son soluciones concretas a los problemas que ya están quedando en evidencia y a los que se avecinan. Una innovación genuina debe usar la tecnología como una herramienta que ayude a crear buenos productos, y que beneficie la vida de las personas al mismo tiempo que contribuya a mejorar el entorno medioambiental en el que vivimos.

Ilustraciones de Coni Aravena y Paulina González 
Imágenes de greenpeace.com, presseagentur.com y occupyfashionindustry.com

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