La charla TED de la investigadora Johanna Blakley: Lecciones de propiedad intelectual y cultura de moda

La charla TED de la investigadora Johanna Blakley: Lecciones de propiedad intelectual y cultura de moda

Johanna Blakley es directora de investigación en Norman Lear Center, un instituto dedicado al estudio del entretenimiento, el comercio y su relación con la sociedad. Especialista en medios y moda, Johanna exploró las lecciones de la industria de la moda en TED, y aquí repasamos las mejores observaciones de su exposición. “Al no haber derechos de autor en esta industria, existe una ecología de la creatividad muy abierta y original”, es una de las frases que engloba la presentación. 

“Escuché esta fascinante historia de Miuccia Prada, la diseñadora de moda italiana. La escena es la siguiente: Ella entra a cierta tienda en París con una amiga y encuentra una chaqueta de Balenciaga. Le encanta. Le mira todas las costuras. Su amiga le dice “Cómpratela ya”, y ella contesta “Me la compraré, pero también la voy a copiar”. Los académicos del público deben pensar “Eso suena a plagio”. Pero para un fashionista lo que representa es una muestra de la genialidad de Prada, que puede rebuscar en la historia de la moda y escoger la chaqueta que no necesita ni un solo cambio, para ser moderna y actual.”

“Puede que se estén preguntando si es posible que lo que está haciendo sea ilegal. Pero en realidad no es ilegal. En la industria de la moda hay muy poca protección para la propiedad intelectual. Tienen protección de marcas registradas, pero no derechos de autor, y casi ninguna protección de patentes. Lo que significa que cualquiera podría copiar cualquier prenda de cualquier persona en la sala y venderla como diseño propio. Lo único que no pueden copiar es la etiqueta de la marca registrada. Por eso existen logos expandidos por todos los productos. Resulta mucho más difícil falsear dichos diseños porque no pueden copiar el logo. Pero los falsificadores lo hacen igual. Y a veces también resulta algo divertido, ¿cierto?”

“Ahora bien, la razón por la que la industria de la moda carece de protección de derechos de autor es porque los juzgados decidieron hace mucho que las prendas son demasiado prácticas para ampararse en los derechos de autor. No querían que un puñado de diseñadores fuesen dueños de las bases fundamentales de nuestra ropa. Y que los demás tuvieran que pagar licencias por este puño o esta manga porque es propiedad de “Juan Nadie”. Pero, ¿demasiado práctico? Quiero decir, ¿es así como ven la moda?”

“Los que conozcan la lógica que hay detrás de los derechos de autor, que, sin propiedad, no hay incentivo para innovar, se sorprenderán mucho tanto por el éxito de crítica de la industria de la moda como por su éxito económico. Lo que intento argumentar hoy es que, al no haber protección de los derechos de autor en la industria de la moda, los diseñadores han sido en realidad capaces de elevar el diseño práctico de cosas que solo cubren nuestros cuerpos desnudos, a algo que posee un valor artístico. Al no haber derechos de autor en esta industria, existe una ecología de la creatividad muy abierta y original.”

“A diferencia de sus hermanos creativos que son escultores, fotógrafos, directores de cine o músicos, los diseñadores de moda pueden tomar muestras de todos los diseños de sus colegas. Pueden tomar cualquier elemento de cualquier prenda en la historia de la moda e incorporarlo a su propio diseño. Tampoco existen derechos de autor sobre un traje.”

“Alguna gente piensa que hay unas cuantas personas en la cima de la cadena de la moda que nos dictan lo que todos nos vamos a poner. Pero si hablaran con cualquier diseñador a cualquier nivel, incluyendo los de lujo, todos dirían que su principal inspiración viene de la calle, donde gente como nosotros combina sus propios looks, y es ahí donde ellos consiguen mucha de su inspiración creativa. Es una industria con estrategias de gestión de arriba a abajo y viceversa.”

“Ahora bien, los gigantes de la moda —el retail— se han beneficiado más que nadie de la falta de protección de los derechos de autor en esta industria. Son conocidos por copiar los diseños de alta costura y venderlos a precios muy bajos. Cuando vemos copias como esta, uno se pregunta, ¿cómo hacen las marcas de lujo para continuar en el mercado? Si puedes tenerlo por 200 dólares, ¿por qué pagar mil? Pues, porque son clientes diferentes. El que compra en Givenchy no es el mismo cliente que compra en Steve Madden. Y existen muchas virtudes en la imitación. Una que muchos críticos culturales han señalado es que ahora tenemos una paleta mucho más amplia de opciones de diseño entre las que escoger que antes. Y esto se debe principalmente a la industria de la moda rápida. Y eso es bueno. Necesitamos muchas opciones.”

“Cada temporada, estos diseñadores tienen que esforzarse en pensar la nueva y fantástica idea que va a encantar a todos. Eso me recordó al grande del jazz, Charlie Parker. No sé si han escuchado esta anécdota. Dijo que una de las razones por las que inventó el bebop era porque estaba seguro de que los músicos blancos no serían capaces de reproducir el sonido. Quiso hacerlo demasiado difícil de copiar. Y eso es lo que los diseñadores de moda hacen continuamente. Intentan crear una estética que refleje quienes son. Cuando la gente les copia, todo el mundo lo sabe porque ellos han puesto ese look en la pasarela.”

“Todo esto se parece bastante al mundo de la comedia. No sé si saben que los chistes tampoco se pueden proteger por los derechos de autor. Cuando los chistes eran muy conocidos, todos se los robaban unos a otros. Pero ahora tenemos un tipo distinto de comedia. Se crea un personaje, un estilo personal, muy parecido a los diseñadores de moda. Y sus bromas, igual que los diseños de un diseñador de moda, solo tienen gracia dentro de esa estética. Si alguien robara una broma de Larry David, no tendría tanta gracia.”

“Ahora bien, algunos diseñadores dirán que es solo en los Estados Unidos donde no se les respeta, porque en otros países sí hay protección para los diseños artísticos. Pero si echan un vistazo a los mercados más grandes del mundo, resulta que la protección que ofrecen es, en realidad, inefectiva. En la Unión Europea, por ejemplo, tienen un estándar de novedad muy bajo, por lo que cualquiera puede registrar cualquier cosa. Pero aun siendo el hogar de la industria de la moda rápida y teniendo un montón de diseñadores de lujo allí, estos, por lo general, no registran sus diseños, y apenas hay litigio. Eso pasa porque el estándar de novedad es demasiado bajo. Alguien puede llegar y tomar el vestido de otro, cortar ocho centímetros del bajo, ir a la U.E. y registrarlo como un diseño nuevo, original. Así que eso no detiene a los artista de la imitación.”

“Pero no es solo la industria de la moda la que carece de derechos de autor. Muchas otras industrias no poseen derechos de autor, incluida la industria alimenticia. No se pueden aplicar derechos de autor a una receta porque es un lista de instrucciones. Lo mismo pasa con los automóviles. No importa lo extraño o lo interesante de su apariencia, no se pueden aplicar derechos de autor al diseño escultural. Lo mismo pasa con el mobiliario, con los trucos de magia y los peinados. Los creadores de softwares de código abierto decidieron que no querían derechos de autor. Pensaron que habría más innovación sin ellos. Tampoco los quieren los artistas de tatuajes porque comparten sus diseños. El aroma de los perfumes tampoco tiene derecho de autor. Y algunas de estas industrias pueden parecernos casi marginales, pero las ventas brutas para industrias con escasa protección de los derechos de autor es sumamente alta, comparada con los bajos niveles de venta de estas otras, como la del libro, la música y las películas.”

“El modelo de la industria de la moda es un modelo que muchas otras industrias, como las que hemos visto con las barras minúsculas, deberían de considerar. Ahora mismo, esas industrias con tantos derechos de autor están operando en una atmósfera en la que es como si no tuviesen protección alguna. Y no saben qué hacer”.

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