Entrevista al diseñador colombiano Miguel Mesa: Reflexiones sobre minería, mestizaje en América y papel

Entrevista al diseñador colombiano Miguel Mesa: Reflexiones sobre minería, mestizaje en América y papel

Miguel Mesa Posada tiene 19 años, está cursando quinto semestre de Diseño de Modas en la Colegiatura Colombiana de Medellín y recientemente acaba de lanzar su primera colección llamada Potosí. Potosí significa riqueza incalculable, y también es el nombre de la ciudad boliviana que albergó la mina de plata más rica del mundo durante la época de la Colonia. De estas tierras los españoles obtuvieron grandes riquezas para construir catedrales barrocas y mansiones ostentosas, al mismo tiempo que los indígenas eran sometidos a la mita, un sistema de esclavitud y explotación que los hacía trabajar 16 horas al día cavando túneles. La colección de Mesa habla de las excavaciones mineras como metáfora de cicatrices, donde la “geología” de la fibra cubre y sana las laceraciones mineras, y donde la verdadera riqueza de nuestro continente se presenta no en los tesoros metálicos, sino en la manera de vivir y tejer en comunidad.

-¿Cómo y cuándo nace Potosí? 

-Potosí nace en junio de 2013, cuando me presenté al taller Jóvenes Creadores, justo al finalizar mi tercer semestre de Diseño de Moda, con el objetivo de presentar mi primera colección, junto al resto de líneas de los estudiantes del taller, en la pasarela del mismo nombre en Colombiamoda.

Tengo entendido que estás estudiando, ¿dónde lo haces y qué esperas hacer una vez que termines tus estudios? 

-Estoy estudiando Diseño de Modas en la Colegiatura Colombiana de Medellín, y actualmente estoy cursando quinto semestre. Terminaré el pregrado en 2015, y me gustaría especializarme en textiles y técnicas artesanales de mi país.

-¿Cómo nació tu interés por el vestuario?

-Mi acercamiento al vestuario estuvo influenciado por mi abuela, que tenía un taller de sastrería a la medida, con una clientela constante de mujeres y amigas que le dieron a mi infancia un color especial. En el colegio leí catálogos de exposiciones de moda del MET y un poco de Lipovetsky y Guattari, que también aportaron en influencias.

-Los colores y texturas de tus abrigos son bellísimos, ¿qué materiales utilizaste y qué fue lo que quisiste alcanzar con su composición? ¿Cuál es la “historia tejida” detrás de todo este material?

-La “historia tejida” es la historia que no está escrita, de la que pocos hablan con respeto; la historia de muchas manos y mentes que no conocen las narraciones míticas de la tierra en la que caminan, como la historia de la América pre-colombina.

La textura de esta colección está construida a manera de estratos geológicos con hilazas de algodón crudo –un desecho textil de urdimbre industrial que teñí a mano– y papel periódico sobrepuesto. En los patrones de papel ubiqué las hilazas según la parte del cuerpo que quería tuviera color, y luego con un diseño de líneas trazadas en el papel, realicé su ensamblaje. Por último hice perforaciones (similares a las formas de excavar en la minería a cielo abierto) que dejaban ver el “tejido” detrás del papel, como metáfora de la minería. Los accesorios que construí fueron hechos a base de fibra PET para que no tuvieran nada metálico, y fueron aglomerados a mano.

-¿Cómo fue el proceso creativo de esta colección? ¿Cuáles fueron tus referentes?

-El proceso creativo nace de la pregunta por la verdadera riqueza de mi país. Por la época que se realizó el proyecto hubo un gran boom mediático con el tema de la minería en Colombia, paralelos entre legal-ilegal, extracciones pequeñas de locales de bajos recursos v/s extracciones a gran escala por multinacionales riquísimas, etc.

Mi referente más fuerte para este pensamiento lo obtuve del libro “Las Venas Abiertas de América Latina” (Galeano, 1971), en la que se habla de lo grande que fue la mina de Potosí y en general sobre el problema o concepto que hubo detrás de la misma, algo que entiendo como riqueza maldita, donde la riqueza que existe es extraída por otros y las ganancias quedan en manos de otros.

-¿Qué representa para ti la imagen de la mina chilena “La Escondida” que adjuntas en tu brief? ¿Qué dicen esos colores para ti? 

-La imagen satelital es tomada por cámaras norteamericanas que registran un espectro cromático lo que hay debajo de la superficie. De aquí tomé los colores para los atuendos y también el concepto en el que bajo la superficie no hay metales, sino tejidos.

-¿Por qué la minería comercial ha significado una pérdida para Latinoamérica? 

-Porque a costa del valor relativo que le han dado a los “tesoros” metálicos –como al oro, actualmente en un altísimo en precio–, lo que veo como verdadera riqueza se ve diezmado o destruido por lo primero. Es el caso de las cosmovisiones particulares, las lecturas alternas de política, lo heterogéneo de los rituales, los mitos y leyendas, etc.

-¿Cuáles son tus referentes nacionales e internacionales en cuanto a diseño de vestuario? 

-Me siento muy influenciado por estéticas autóctonas de la región, valoro mucho las exploraciones textiles de Olga de Amaral, la literatura de William Ospina, las experiencias que plantean los museos que exhiben los objetos precolombinos, exhibiciones como “El Barro tiene voz” en el Museo de Antioquia, las colecciones del Museo Arqueológico de Sogamoso y el Museo Chileno de Arte Precolombino.

¿Dónde podemos encontrar tus prendas? ¿Están a la venta? 

-Actualmente trabajo por encargo, porque las prendas se construyen de forma manual y su complejidad hace que cada pieza sea a la medida. Pueden contactarme a [email protected]

-¿Cuáles son tus planes a futuro?

-Planeo continuar generando reflexiones sobre la América de la que soy hijo; especular cómo hubiera sido la vida en mi país sin el proceso de colonización; cómo debo vivir una vida mestiza; cómo evitar que se menosprecie el pasado amerindio y producir piezas conceptuales de origen local con un trazo especulativo global.

Imágenes cortesía del diseñador. PH: Estudio Silva/Moreno Modelo: Marcela Tano.

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