Entrevista a Tom Van Der Borght, diseñador belga: “Planteo un desfile como una manera de mostrar mi hijo al mundo”

Entrevista a Tom Van Der Borght, diseñador belga: “Planteo un desfile como una manera de mostrar mi hijo al mundo”

Material de RevisteLaCalle 6 por Majo Arévalo. Edición: Andrea Martínez.

Ecléctico, distinto, technicolor; así han catalogado el trabajo del belga Tom Van Der Borght diferentes sitios web, lo que sin lugar a dudas no es suficiente para recrear el potente imaginario de estampados y color tras cada una de sus cuatro colecciones. “En Bélgica me consideran alguien muy caótico”, recalca el diseñador de 35 años, graduado de la Stedelijke Academie voor Schone Kunsten Sint Niklaas. El 2013, Tom fue invitado por primera vez al Panamá Fashion Week, donde tuvo la oportunidad de expandir sus horizontes ―más allá de Londres, París o Nueva York― para conocer nuevos nombres y trabajos, además de mostrar su última colección: Aponycalypse. Bajo este paradigma, Van Der Borght pudo contarnos más acerca de su sorpresivo inicio en la moda.

―¿Cómo te convertiste en diseñador?

―Primero fui Trabajador Social, profesión en la que me desenvolví durante 10 años. Trabajaba en las calles de Bélgica con jóvenes de entre 14 y 18 años que tenían problemas con drogas. Mi labor era ayudarlos creando proyectos en conjunto, los que incluían dibujos, teatro y otras actividades para que pudieran expresarse. Luego llegué a un punto muy bajo en mi vida: descubrí que tenía esclerosis. Estuve en cama por cuatro meses sin poder mover mis extremidades. El doctor no sabía qué hacer, me movía en silla de ruedas y mi familia estaba muy preocupada. Mi mejor amiga, una artista textil, siempre sintió que existía alguna cuota de creatividad en mí. Me visitaba y me decía que este tiempo era para saber lo que realmente quería hacer, pues si algún día me levantaba, debía escoger mi camino. En ese periodo, ella me compraba perlas y accesorios con los que comencé a confeccionar joyas. Lentamente volvió la movilidad a mi cuerpo y me dije “ahora es tiempo para cambiar”. Compré una máquina de coser, viejas telas y creé mi primera colección. Viajé por Europa mostrándola en festivales musicales y fue una sorpresa que la gente gustara de mis diseños y que los comprara. Regresé y sentí que debía ir más allá. Así que entré a estudiar a la academia de diseño, de donde me gradué hace un año.

―¿Crees que esa primera colección reflejó el proceso por el que pasaste?

―Sí, tenía mucho color y estampados que normalmente no son mezclados. Creo firmemente en el estilo explosivo que llevo a cabo. También sé que mis músculos se irán desgastando de a poco y no sé cuándo dejaré de mover mis manos. Puede ser mañana o en 10 años más, así que la fuerza de lo que hago debe provenir del presente.

―¿Por qué lanzas solo una colección al año?

―Crear una colección por año es resultado de que soy una compañía de una sola persona y todo lo superviso. Es imposible hacer dos colecciones al año y estar al tanto de todo. Mi proceso no se trata de presiones; necesito tiempo y espacio para él. Proviene de adentro y a veces me toma más de tres días en desarrollar alguna idea. También tiene mucho que ver con lo económico. Aun cuando la colección se venda muy bien en algunos lugares del mundo, no vivo solo de ella. Prefiero colaborar con otras iniciativas el resto del tiempo. Ahora estoy en conversaciones para hacer trajes teatrales a través de la ópera, sigo haciendo trajes para Kenji Minogue, quienes están a punto de convertirse en algo muy grande. Hago estilismo para la mayoría de sus videos y me gusta, pues combino su historia y visión con mi propio trabajo; es casi un remix. Hacer solo ropa sería algo que me cansaría mucho, pues idear mi propia colección es un proceso muy solitario. Puedo mostrar mi book a los demás pero no transmitir todo lo que siento en el camino.

―¿Cuánto tiempo demoras en crear un book para la colección?

―El último me tomó tres semanas. Tres semanas de investigación y tres semanas de confección del libro, así que todo en general tomó 6 semanas. No es solo acerca de la colección sino también sobre un momento de mi vida, refleja todo lo que hice en ese periodo en particular. Para mí fue muy natural comenzar a hacer estos books porque al principio se vuelve muy caótico todo el proceso. El book es una herramienta para organizarme. Al hacer casas, un arquitecto realiza un plano primero; el libro para mí es una manera de hacer lo mismo con el diseño.

Europa v/s el mundo

Van Der Borght sabe que existen grandes diferencias entre los diseñadores de Europa y aquellos que se encuentran en otros rincones del mundo. Pero también ―en su mismo continente―, las escuelas de diseño mantienen sus propios sistemas. “En Bélgica la educación es muy artística; todo gira en torno a formas, estructuras, conceptos. Te empujan fuera de tus límites”, añade.

―¿Cómo es la educación impartida en tu academia?

―No fue una educación técnica. Debes dibujar, diseñar e investigar de qué manera puedes traducir los figurines. Lo técnico debes resolverlo por ti mismo. Para mí lo más interesante del proceso fue encontrar mi identidad. Los conceptos y la investigación deben ser muy fuertes. Después realizas figurines para luego traducirlos en las prendas. Para mi colección comencé con el sentimiento sobre los caballos. Después, las pinturas sobre el Apocalipsis y el Renacimiento para empezar con los estampados. Después ves la colección y te das cuenta de que hay elementos de diferentes mundos que quizás no combinan juntos, pero todo se traduce en los estampados. Estos se realizan a través de dibujos a mano, pinturas a mano e incluso digitales.

―¿Cómo es la situación en Bélgica para los diseñadores?

―Tenemos una fuerte tradición que comenzó a fines de los ’80 con los Antwerp Six. Existen nombres muy famosos en todo el mundo que provienen de nuestro país. Estamos en una posición privilegiada ya que nos situamos en una zona muy central del continente, así que mostrar el trabajo es fácil para nosotros. En Bélgica, nuestro gobierno apoya la moda y a los jóvenes diseñadores, a través de programas donde organizan workshops con personas que trabajan en producción y en grandes marcas que nos muestran el lado más comercial de la industria. El proceso creativo es quizás más interesante e importante, pero también necesitas el lado comercial y económico de la situación.

Cuando organizamos showrooms en París, el gobierno nos apoya lo más que puede. Tenemos una cultura textil muy rica, aunque en casi 15 años ha ido disminuyendo. En este momento estamos realizando proyectos sociales y colaboraciones con personas que no tienen trabajos pero que tienen habilidades para coser. Ellos producen prendas para nosotros, transformando nuestros productos en conscientes. También evitamos muchos costos de transporte. No me denomino un eco diseñador, pero quiero ser amistoso con el planeta y encontrar nuevas formas de llevar la industria. Creo firmemente en que las grandes casas que ganan mucho dinero han llegado a un fin y que se viene una nueva forma de plantear esta industria por parte de los nuevos diseñadores.

―¿Cómo fue la experiencia en Panamá Fashion Week?

―Al principio fue la apertura de todo un mundo nuevo. En Europa, toda la moda está enfocada en Estados Unidos, por lo que tampoco miran mucho más allá de París y Londres. Estar aquí fue un shock. Hay muchas cosas que suceden y que se desarrollan muy rápido. Hay una gran variedad de diseñadores, algunos todavía muy enganchados con referentes tradicionales y europeos. Espero con ansias venir nuevamente, pues me encantó la energía de las personas. En Bélgica soy considerado alguien muy caótico, pero aquí todos tienen ritmos muy distintos, algo muy rico de experimentar. Antes de venir aquí nadie me pedía autógrafos o tomarse fotos conmigo; es una nueva experiencia que debo tomar y que por supuesto es maravillosa. Cada sonrisa que ves en esas fotos viene desde mi corazón, pensando en cómo pude llegar a esta posición.

Aponycalypse

Cada colección tiene su propio concepto y esta plantea algo oscuro y peculiar basado en los caballos. Aponycalypse es el nombre de la colección A/W 2013-2014 del belga, quien nos cuenta cómo llegó a este proceso y también cómo se plantea el futuro para su marca.

―¿Por qué tomaste la decisión de trabajar inspirado en los caballos?

―Siempre los amé, desde que era niño. Entre los 5 y 14 años no me gustaban los deportes, pero me imaginaba que era un caballo. Las personas preguntaban a mis padres si alguna vez correría de manera “normal”. Otra razón fue que ―a través del sentimiento apocalíptico que fui desarrollando para la colección― el caballo es conocido como símbolo del fin de los tiempos, pues los jinetes de la muerte tenían caballos. La colección tiene volumen, imágenes y estampados que evocan el sentimiento del fin de los tiempos, donde desaparecen elementos y colores de la ropa. Todo está conectado a la cabalgata de los caballos.

―¿Cuál es tu idea acerca de la silueta?

―Siempre me he conectado mucho con el cuerpo humano. Creo volúmenes, lo que está ligado a diseñar para un súper humano, algo que todos tenemos en nuestro interior. Exagerar volúmenes y formas es una manera interesante de conectar con el cuerpo. Modificarlo también se conecta con mi propio cuerpo, el cual quiero que sea aún más poderoso. Las estructuras provienen de mi proceso, donde uno elementos de diferentes mundos para crear un nuevo universo; es deconstrucción pero también construcción para tener nuevos elementos. El diseñador de moda siempre tiene como referentes otros diseñadores, pero los míos siempre han sido diseños más que personas o creadores. Texturas y volúmenes me llevan a hacer más poderosa la estructura, pues mucha de mi inspiración proviene de allí. La moda puede volver a la tradición y crear una nueva. No se trata solo de que todo sea lindo o clásicamente hermoso; quiero hacer algo bonito pero no de manera convencional. Quiero dar a las personas la sensación de sentirse extra dimensionales cuando usan algo mío. Hay algo muy espiritual conectado a mi trabajo. Cuando organizo desfiles, creo que las modelos sienten las transformaciones de sí mismas, lo sienten en las siluetas finales. Pienso que siempre se trata de algo espiritual, sin importar la religión.

―¿Cómo ha sido la recepción comercial de tu ropa?

―Nada es muy fácil en la vida, pero tengo un punto de vista muy fuerte. Cuando participo en desfiles, siempre veo a diseñadores jóvenes pendientes de lo comercial, pero aun así es difícil competir con otras compañías que tienen ropa más barata. Cuando comencé, quise hacer algo diferente que gustara a la gente y que quisieran usar. Los compradores siempre me sorprenden, pues se llevan las piezas más fuertes o experimentales y también las más caras. Para mí es fácil porque no sé hacer otra cosa y cada lugar donde voy aparece por ser fiel a mi visión. Nunca pienso en venderme. Planteo un desfile como una manera de mostrar mi hijo al mundo.

Japón es un mercado muy bueno para mí. Allá vendo prendas en tres tiendas y las personas siempre quieren usar el look completo. Tengo una conexión más fuerte con ellos pues su visión es más extrema. En Centroamérica también gustan de llevar muchos colores, son extrovertidos como mi colección. También sé que soy muy crítico conmigo mismo y no muestro la colección hasta que esté tal como quiero.

―Hablando de eso, ¿cómo va la nueva colección?

―Es una nueva etapa en mi historia. Está conectada con este año [2013] que ha sido muy loco. Se trata de un proceso introspectivo, de volver a las cosas simples de mi vida y cultivar amor en mi jardín, desde tomates hasta zapallos. Todo tiene un ambiente muy hogareño y de estar en casa. Al mismo tiempo, mantiene un sentimiento aventurero, pero de regresar a mi núcleo, el estar aquí y ahora de manera más natural.

―¿Cómo se ve el futuro para Tom Van Der Borght?

―Hay varios planes: pronto tendremos un showroom en Tokyo Fashion Week, algo que me emociona mucho. También trabajamos en una colaboración de alta costura confeccionada con materiales reciclados, cuyos trajes serán luego vendidos y las ganancias irán a caridad. También tengo trabajo en Bruselas, haré un show en la embajada de Japón a fines de año y la premiere de la obra de teatro en diciembre. En enero, presentaré la nueva colección en Londres, París y Burbank. Lentamente iré creciendo, paso a paso, colección a colección. Incluso venir a Panamá ha dejado algunas huellas importantes en mi carrera, pues me ha permitido conocer personas de otros países como Colombia. Espero con ansias desarrollar más las conexiones con Sudamérica el 2014.

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Imágenes Facebook Tom Van Der Borght

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